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En este panorama, nada alejado de lo vivido en los setenta y ochenta, salvo la incorporación de la tecnología que ahora permite acceder a la información al minuto, el viejo oficio de «arbolito» (personas que se dedican a comprar y vender dólares en las calles) generó algunos «puestos de trabajo».
Pero también los «arbolitos» se aggiornaron. El perfil del «arbolito» del siglo XXI está compuesto básicamente por dos elementos: un teléfono celular y una riñonera donde guardan las divisas. Generalmente de a tres, circulan por las calles de la City porteña compitiendo con los cambistas oficiales. Quienes no quieran hacer las largas colas en las casas de cambio o en los bancos recurren a los «arbolitos» por un pequeño costo adicional de dos a tres centavos por dólar.
El microcentro, ahora dominado por los «arbolitos», opera gracias a la telefonía celular, desde bares, confiterías y hasta maxikioscos. Escapando así de los inspectores de la AFIP.
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