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5 de octubre 2004 - 00:00

Desperdicio de Martín Redrado

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Martín Redrado

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Más allá de esas simplezas de nuestros analistas y del periodismo nacional está el error de las opiniones serias. Que un joven brillante como Prat-Gay se haya ido del Banco Central no es tan importante para el país como que Martín Redrado haya abandonado el manejo de las relaciones comerciales internacionales donde su tarea fue y seguía siendo óptima en logros para la Argentina.

Martín Redrado en el Banco Central no es criticable sino porque es un desperdicio de talentos y una decisión inapropiada de un gobierno que sigue mostrándose pequeño, demasiado provinciano, para administrar bien el país, algo que disimula el pasar el sector externo por un momento excepcional y único para la Argentina.

El principal conocimiento profesional de Redrado nunca fue el manejo de las finanzas del Estado, aunque por su relieve de economista también conozca el tema. Redrado es dueño de una agenda de relaciones comerciales internacionales única que hoy no posee nadie en el país. Y no es una libreta que se traspasa ya que lleva años acumular con trato directo. También tiene un carisma negociador especial este economista y eso lo encaminó desde su puesto de vicecanciller a logros muy importantes. Por ejemplo, era el más respetado por la tan profesional cancillería brasileña (Itamaraty) y así convenció a los adláteres y al mismo presidente Lula da Silva de pelear por el mejor argumento de que los países emergentes endeudados poseen frente a Europa, Japón y Estados Unidos: cesen los 500.000 millones de dólares anuales que destinan a subsidiar a su agro con ventajas comparativas en contra y permitan que entren a competir en sus fronteras nuestros granos, nuestros limones, nuestra carne, nuestra producción primaria. Ese argumento y no los desplantes del ministro Roberto Lavagna pone a la defensiva al exterior. O sea, permítanos venderles para tener divisas con qué pagarles. Suena más que obvio.





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