<i>Muchas quejas desde Chile no son justas</i>
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Además estamos importando fueloil venezolano de baja calidad, caro, difícil de trasladar por tierra para núcleos energéticos no preparados para generar con ese tipo de combustible, por lo mismo de no incumplir totalmente con Chile. Y pagaremos ese fueloil con alimentos en un país como el nuestro con alto nivel de pobreza.
Una nación en default como la Argentina perderá por los compromisos de gas con Chile y el sur de Brasil 1% de su PBI, como informó el Banco Central. ¿Puede Chile, país con un logrado desarrollo económico y gobierno socialista de los serios y racionales, pedirnos más? Sería injusto que lo haga aunque sea cierto que el actual gobierno argentino -a su vez ejecutor de un socialismo poco serio, permanente reivindicador del pasado y sin planificación económica del futuro- no pueda decirle con precisión cuánto y por cuánto tiempo recortará su exportación de gas. No se lo dice por la misma razón que el canciller Rafael Bielsa postergó varios viajes a Santiago: no lo sabe porque no puede conocer cuán crudo, o no, será este invierno, algo que, obviamente, afectará el consumo final energético.
• Problema inevitable
La Argentina, vía su presidente en decisiones, no está mal en cómo actúa ante un problema inevitable -este problema sí realmente heredado de la década del '90- e imposible de resolver con rapidez aunque hay una comisión bilateral que estudia soluciones y ojalá las logre. Estuvo mal Néstor Kirchner con Chile, eso es verdad, al no informarle antes que venía una crisis energética cuando debió hacerlo al reunirse con el presidente Lagos en el Cristo Redentor en los Andes el 13 de abril. Por no informarle a tiempo el país trasandino tiene hoy que salir de urgencia a buscar gas en países asiáticos. También estuvo mal nuestro presidente cuando cayó en la declaración adolescente de decir que Chile les reclame por su menor entrada de gas a las empresas privadas argentinas que contrataron cuando el gobierno les estaba imponiendo abastecer primero a la Argentina, fijándoles así un cupo a la exportación.
La Argentina acordó con Bolivia y firmó un convenio de importación de gas por 6 meses con la cláusula de no vendérselo a Chile. Cláusula inevitable impuesta por el vendedor que enfrenta el plebiscito en julio y corre riesgos, como Chile, por esta crisis, en víspera electoral. Es dura la cláusula pero no anormal. El gobierno de Estados Unidos -campeón de la libre empresa y la iniciativa privada- impide a sus empresas venderle a Cuba por el largo bloqueo económico hasta que vuelvan la libertad y la democracia a esa isla.
Si 70% de la energía productiva de Chile depende del gas argentino sería una ingenuidad pretender que no estén molestos. La Argentina también estaba molesta -y nunca protestó-cuando en la guerra con Gran Bretaña por las islas Malvinas Chile les dio apoyo logístico y hasta espionaje patagónico a los ingleses. Nadie aquí dijo -ni escribió- que por eso no haría la Argentina en el futuro intercambios con Chile.
Un gobernante moderado y sensato como Lagos tiene que abarcar el problema real, exigir, porque es obvio desde su cargo, pero también comprender; y pareciera que es así. También su prensa debe entender la real situación no deseada.Y nuestra prensa debe entenderla para no formular críticas extranjerizantes y caer en lo que bien suelen llamar los peronistas «cipayismo criollo».
Chile es un país para admirar desde hace más de una década, sin duda, en lo económico y en lo político, pero en este caso del gas tuvo la habilidad de forzar en su momento una estrategia energética que la Argentina podía satisfacer sólo si persistiera en la parálisis productiva de 2002 y en la terrible recesión que arrancó en junio de 1998. Era lógico y cuestión de tiempo que el protocolo saltara en pedazos si la Argentina se recuperaba. Y no se puede desearle otra cosa.



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