4 de mayo 2004 - 00:00

<i>Muchas quejas desde Chile no son justas</i>

El periodista chileno Ascanio Cavallo solicitó por TV que Ambito Financiero aclare que él es autor de párrafos periodísticos muy críticos contra la Argentina por la crisis energética pero no «asesor del presidente Ricardo Lagos», como incluyó este diario al trascribirlos. A su pedido se aclara.

Aparte volvió a tener expresiones duras para nuestro país por «Canal 9», en el programa «Hora clave». por ejemplo, al expresar que ningún mandatario del vecino país haría en el futuro un trato con la Argentina tras incumplir ésta el Protocolo Interconexión Gasífera de 1995 y recortar hoy entre 15% y 20% de las exportaciones del fluido de empresas privadas.

Inevitablemente hay que responder que no se puede forzar protocolos -como se hizo con el ex presidente Carlos Menem en 1995 por la gran simpatía que sentía y debe seguir sintiendo por el país vecino y trasandino- de cumplimiento imposible porque el nuestro no es un «país gasífero» (ni «petrolero») sino apenas un país con petróleo y gas. Algo muy distinto, limitante. Las reservas de gas conocidas hoy pueden extenderse a 13 o 15 años por tanto no se debería exportarlo, incluyendo al sur brasileño, aunque Menem haya sido presionado a tener un gesto amigable porque Chile no puede obtener gas de su vecino Bolivia, un «país gasífero» real por el rencor boliviano de haber sido vencido en una guerra que le costó perder su salida al mar. Bolivia trabó la venta de gas a EE.UU. atravesando territorio del norte chileno porque le habría permitido a éste abastecerse. El 18 de julio próximo un plebiscito respaldará, o no, la política de ventas de energía del actual presidente Carlos Mesa.

También se equivoca el periodista Cavallo al decir que Chile les compra gas a empresas privadas argentinas a raíz del protocolo logrado con Menem. Ni en Chile, ni en la Argentina, ni en ningún país se necesitan «protocolos» a nivel presidencial para intercambiar productos legítimos. Suena a «autorización» y los protocolos de este tipo son para fomento de actividades bilaterales. Por eso no los ratifica el Congreso Nacional. Hace un mes, el presidente Néstor Kirchner y el presidente Lula Da Silva firmaron algo similar para acompañarse mutuamente ambos países en pedidos ante el Fondo Monetario como, por ejemplo, excluir el gasto en obras de infraestructura dentro del superávit exigible. El Fondo se lo concedió a Brasil pero no a la Argentina. ¿Kirchner debería reclamarle a Lula por incumplimiento de ese protocolo forzado porque los brasileños -que no están en default privado como nosotros- se beneficiaron unilateralmente? ¿Podría exigirle nuestro presidente el sacrificio de rechazar tal beneficio y agudizar el sufrimiento del pueblo brasileño? Ciertamente no. Y no se dijo oficialmente nada desde la Casa Rosada.

• Autoabastecimiento

Si hoy la Argentina suspendiera toda, y no sólo una parte, de la exportación de gas a Chile, podría autoabastecerse bien, aún con el descuido de las inversiones en el sector y pese al error del gobierno al obstinarse en no dar un aumento escalonado de tarifas al sector privado. Nuestra población y empresas no tendrían que pasar quizá frío, producir menos y pagar más caros los servicios este invierno como sucederá si no aparece el sacrificio de ahorrar consumo por el plan de restricción vigente. Aparte, hemos postergado peligrosamente el periódico mantenimiento de una central nuclear, la de Embalse de Río Tercero en Córdoba, para que su continuidad productiva impidiera, con riesgo, restarle más gas a Chile mientras se esperaban lluvias que alimenten la producción de hidroelectricidad en otras centrales. Y llovió.

Además estamos importando fueloil venezolano de baja calidad, caro, difícil de trasladar por tierra para núcleos energéticos no preparados para generar con ese tipo de combustible, por lo mismo de no incumplir totalmente con Chile. Y pagaremos ese fueloil con alimentos en un país como el nuestro con alto nivel de pobreza.

Una nación en default como la Argentina perderá por los compromisos de gas con Chile y el sur de Brasil 1% de su PBI, como informó el Banco Central. ¿Puede Chile, país con un logrado desarrollo económico y gobierno socialista de los serios y racionales, pedirnos más? Sería injusto que lo haga aunque sea cierto que el actual gobierno argentino -a su vez ejecutor de un socialismo poco serio, permanente reivindicador del pasado y sin planificación económica del futuro- no pueda decirle con precisión cuánto y por cuánto tiempo recortará su exportación de gas. No se lo dice por la misma razón que el canciller Rafael Bielsa postergó varios viajes a Santiago: no lo sabe porque no puede conocer cuán crudo, o no, será este invierno, algo que, obviamente, afectará el consumo final energético.

• Problema inevitable

La Argentina, vía su presidente en decisiones, no está mal en cómo actúa ante un problema inevitable -este problema sí realmente heredado de la década del '90- e imposible de resolver con rapidez aunque hay una comisión bilateral que estudia soluciones y ojalá las logre. Estuvo mal Néstor Kirchner con Chile, eso es verdad, al no informarle antes que venía una crisis energética cuando debió hacerlo al reunirse con el presidente Lagos en el Cristo Redentor en los Andes el 13 de abril. Por no informarle a tiempo el país trasandino tiene hoy que salir de urgencia a buscar gas en países asiáticos. También estuvo mal nuestro presidente cuando cayó en la declaración adolescente de decir que Chile les reclame por su menor entrada de gas a las empresas privadas argentinas que contrataron cuando el gobierno les estaba imponiendo abastecer primero a la Argentina, fijándoles así un cupo a la exportación.

La Argentina acordó con Bolivia y firmó un convenio de importación de gas por 6 meses con la cláusula de no vendérselo a Chile. Cláusula inevitable impuesta por el vendedor que enfrenta el plebiscito en julio y corre riesgos, como Chile, por esta crisis, en víspera electoral. Es dura la cláusula pero no anormal. El gobierno de Estados Unidos -campeón de la libre empresa y la iniciativa privada- impide a sus empresas venderle a Cuba por el largo bloqueo económico hasta que vuelvan la libertad y la democracia a esa isla.

Si 70% de la energía productiva de Chile depende del gas argentino sería una ingenuidad pretender que no estén molestos. La Argentina también estaba molesta -y nunca protestó-cuando en la guerra con Gran Bretaña por las islas Malvinas Chile les dio apoyo logístico y hasta espionaje patagónico a los ingleses. Nadie aquí dijo -ni escribió- que por eso no haría la Argentina en el futuro intercambios con Chile.

Un gobernante moderado y sensato como Lagos tiene que abarcar el problema real, exigir, porque es obvio desde su cargo, pero también comprender; y pareciera que es así. También su prensa debe entender la real situación no deseada.Y nuestra prensa debe entenderla para no formular críticas extranjerizantes y caer en lo que bien suelen llamar los peronistas «cipayismo criollo».

Chile es un país para admirar desde hace más de una década, sin duda, en lo económico y en lo político, pero en este caso del gas tuvo la habilidad de forzar en su momento una estrategia energética que la Argentina podía satisfacer sólo si persistiera en la parálisis productiva de 2002 y en la terrible recesión que arrancó en junio de 1998. Era lógico y cuestión de tiempo que el protocolo saltara en pedazos si la Argentina se recuperaba. Y no se puede desearle otra cosa.

Dejá tu comentario

Te puede interesar