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Muchos de los 30.000 principales contribuyentes anotados en el Impuesto a las Ganancias están siendo citados para explicar con detalle sus movimientos financieros y económicos para justificar las declaraciones juradas del ejercicio 2001, que se liquidó en el primer semestre del año. Este tipo de controles no sería cuestionable, más allá de que la concentración es siempre sobre los mismos contribuyentes, en lugar de intentar descubrir a los verdaderos evasores del impuesto, que ni siquiera están anotados en el tributo y que permanecen anónimos para la DGI desde siempre. Sin embargo, lo más preocupante es que, luego de confirmar que la declaración de estos contribuyentes y el pago coinciden sin mayores dificultades, la inspección no termina sino que nuevamente son citadas las personas para un nuevo control. En este caso, los fiscalizadores comienzan a cuestionar situaciones estrictamente privadas como el destino de los consumos declarados y la forma en que fueron efectuados; además de reclamar facturas y comprobantes que acrediten que efectivamente se realizaron los gastos. Aquí se incluyen tanto los consumos vía tarjetas de crédito, al contado o por transferencias dentro del sistema financiero. En la mayoría de los casos, se trata de movimientos que no influyen en las declaraciones juradas ni en la situación patrimonial de los individuos, ni alteran el pago final efectuado por el contribuyente; en definitiva, lo único que debería interesarle al fisco. La explicación oficial es que este tipo de fiscalizaciones de rutina sirven para encontrar casos de posible evasión en terceros contribuyentes. Sin embargo, lo que se genera es un clima de persecución en los que cumplen con sus obligaciones impositivas, en maniobras que generalmente rayan lo ilegal, ya que sólo un juez con sospechas firmes puede avanzar en investigaciones sobre cuestiones privadas.
Nuevamente, como en las épocas en las que Domingo Cavallo manejaba el organismo recaudador como si fuera una herramienta personal, se concentran las inspecciones para controlar puntillosamente a los mismos contribuyentes de siempre.
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