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26 de octubre 2007 - 00:00

"La caída del dólar es solución, no problema"

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Henry Paulson
Washington (Reuters) - La rápida caída que viene sufriendo el dólar está atacando dos de los problemas más preocupantes de la economía estadounidense -el déficit comercial y la desaceleración de la actividad-, sin que hasta ahora se hayan encendido luces de alarma.

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Lejos de pedir una intervención para apuntalar la divisa, que en lo que va de este año cayó casi 8% frente a una canasta de monedas, muchos economistas argumentan, en cambio, que una baja ordenada es bienvenida y quizá clave para asegurar que la actual desaceleración económica no derive en una recesión.

«¿Por qué Estados Unidos debería preocuparse por el peligro de una caída en el dólar? Es la solución, no el problema», afirmó Brian Reading de Lombard Street Research.

El analista estima que esta tendencia de la moneda norteamericana reducirá u$s 155.000 millones de la deuda externa estadounidense, además de ayudar a impulsar las exportaciones y a apoyar la economía al mitigar los desequilibrios comerciales que por largo tiempo han preocupado a los economistas.

El dólar ha estado en una tendencia a la baja durante los últimos cinco años, pero la caída se profundizó en las últimas semanas al crecer la preocupación por una mayor desaceleración en la economía estadounidense.

La divisa tocó un mínimo histórico frente a una canasta de monedas el lunes. Pero aun cuando la caída se intensifica, el tono de los funcionarios se ha mantenido sin sobresaltos.

Al ser consultado por la cotización del dólar en una entrevista con Reuters Televisión, el secretario del Tesoro estadounidense, Henry Paulson, evitó repetir la frase a favor de un dólar fuerte, diciendo sólo que los valores de las monedas deben fijarse en mercados competitivos.

Por su parte, el Fondo Monetario Internacional calificó la semana pasada la caída del dólar de «saludable» y como partede un ajuste en el crecimiento-global.

Los economistas advirtieron durante años que la brecha en la cuenta corriente estadounidense podría desestabilizar la economía si los países con superávit, como China o los exportadores de petróleo, decidieran que ya no quieren financiar esa brecha comprando activos norteamericanos.

El ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, dijo recientemente que los desajustes en la economía global no deberían ser causa de una alarma excesiva, señalando que reflejan «el cambio en el comercio y en el financiamiento desde las fronteras de Estados Unidos al comercio y las finanzas transnacionales».

  • Clave

    La preocupación clave no es si el crédito viene de fuentes domésticas o externas, sino si los consumidores, las empresas y el gobierno estadounidense están contrayendo más deuda de la que pueden manejar, dijo Greenspan.

    Lo cierto es que la razón por la cual Estados Unidos parece estar satisfecho cuando el dólar está cayendo a mínimos históricos podría estar en la lavadora o en el refrigerador más cercano.

    Whirlpool, el mayor fabricante de electrodomésticos del mundo, reportó esta semana ventas débiles, aunque mantuvo su estimación de ganancias, gracias a la fuerte demanda internacional.

    En términos simples, la debilidad del dólar torna a las lavadoras -y a casi todas las exportaciones estadounidenses-más baratas en el extranjero. Ahora que la demanda interna está dando señales de desaceleración, los mercados externos son clave para la economía norteamericana.

    Whirlpool dijo que los ingresos subieron 12% en Europa, 23% en América latina y 18% en Asia durante el tercer trimestre. En contraste, la facturación en América del Norte cayó 8%.

    La clave dentro de este proceso es con qué rapidez las economías emergentes y los países exportadores de petróleo administran sus propias monedas en relación con el dólar.

    Greg Anderson, director de estrategia cambiaria de ABN AMRO en Chicago, dijo que la debilidad del dólar -y por ende la fortaleza del euro-refleja el «reciclaje» cambiario, ya que los exportadores compran dólares y luego los cambian por euros para mantener sus reservas equilibradas y los avances de las monedas locales en un mínimo.

    Eso significa que aun si las autoridades quisieran intervenir, su influencia sobre el dólar sería marginal.

    «A Estados Unidos le gustaría que el FMI fuese el árbitro global de los tipos de cambio», dijo Anderson, señalando que el FMI sigue considerando que el dólar está sobrevaluado y que el euro cotiza en línea con los fundamentos económicos.

    «El Fondo está diciendo que es justo que la paridad euro-dólar suba aún más», añadió Anderson.
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