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8 de marzo 2011 - 10:04

La flexibilización laboral es vista como una herramienta para no perder competitividad

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Por Liliana Franco (Enviada especial a Washington).- Los últimos años no sólo la economía global estuvo en crisis, también estuvieron en crisis los economistas, según la síntesis del director del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn. El segundo día de sesiones del encuentro que reunió a los economistas más renombrados del mundo para discutir las enseñanzas de la crisis, permitió ver la complejidad de la agenda que tienen por delante los gobiernos del mundo y la disparidad de ideas que surgen sobre cómo evitar una recaída.

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Hace diez años esta conferencia hubiera sido imposible tenerla en el seno del Fondo Monetario, fue el comentario generalizado que se escuchó durante los dos días que duró la conferencia organizada por Oliver Blanchard, el economista jefe del organismo, secundado por los premios Nóbel Joseph Stiglitz y Michael Spence y otros economistas como David Romer, autor de numerosos papers económicos y textos académicos con una orientación acerca de las nuevas políticas Keynesianas.

Los tópicos fueron: política monetaria y fiscal; intermediación y regulación financiera; estrategias para el crecimiento y el sistema monetario internacional. Por primera vez en muchos años, estos temas macroeconómicos fundamentales fueron puestos sobre la mesa y discutidos sin partir de preconceptos académicos o, lo que fue mejor aún, discutiendo la validez o no de teorías económicas que antes ni siquiera alguien pensaba que podían ser discutidas. Así, por ejemplo, no hubo acuerdo acerca de cuáles son las mejores herramientas para garantizar el crecimiento. Al respecto, el profesor Andrew Sheng que habló acerca del modelo chino, sorprendió al auditorio cuando afirmó que no es posible que los chinos e hindúes pretendan alcanzar el nivel de vida del promedio norteamericano, pues no alcanzan los recursos naturales. Dijo que el desafío es comprender la necesidad de ser responsable para las generaciones futuras (y no habló de mucho tiempo en adelante) y por lo tanto, una política de crecimiento debe contemplar un cambio de estilo de vida. En este sentido, apeló a la responsabilidad de los individuos aunque defendió el sistema chino que se basa en creer que las individualidades deben ser dirigidas pero no dictatorialmente.

El problema del medio ambiente, el crecimiento demográfico, la productividad laboral fueron vistos como nuevas herramientas para establecer políticas de crecimiento. ¿Qué nivel de reservas es razonable tener?, fue otra de las preguntas que no obtuvo una sola respuesta como tampoco si es correcto fijar límites al flujo de capitales o no. La falta de respuestas es que en ambos casos hubo ejemplos a favor y en contra. Lo que quedó claro es que no existe una sola receta apropiada.

Respecto al sistema financiero, John Williamson aseveró todos están de acuerdo en modificarlo, la pregunta es ¿Cómo?. Si el propósito de esta conferencia era lograr un set de recetas respecto a como evitar nuevamente una crisis financiera, la respuesta a la pregunta de Willianson es que se necesitarán miles de conferencias más como esta y aún puede ser que no se logre encontrar un consenso.

No faltaron en los encuentros visiones pesimistas sobre problemas serios como el desempleo en los Estados Unidos (que se ubica ligeramente por debajo del 10%). El premio Nóbel de economía Michael Spence presentó una visión negativa sobre las posibilidades de una reducción rápida en el nivel de desocupación en la primera potencia porque, explicó, los sectores que registran los mayores avances en la productividad, que son los que exportan, en general ocupan poca mano de obra.

En este sentido, se señaló el alto nivel de productividad de los sectores agrícolas pero, y en particular este tema afecta a los emergentes, la escasa mano de obra que demanda. La diversificación de la producción se torna hoy como una herramienta necesaria, política que no hubiera sido alentada por el organismo internacional en los 90.

Con una visión más alentadora, Dani Rodrik de la Universidad de Harvard, sostuvo que pese al rápido crecimiento de los emergentes, no se ha cerrado la brecha que separa los ingresos con los países desarrollados con los latinoamericanos o africanos y que, en consecuencia, existe un amplio margen para que estos países ganen posiciones. Y consideró a la calidad institucional como una de las claves para lograr una tasa acelerada de crecimiento, sobre todo en lo que se refiere a la capacidad de los países para manejar shocks externos.

Un aspecto preocupante, según Rodrik, es que los sectores con mayor productividad tienden a tener bajo empleo. Al respecto señaló que una forma de morigerar este efecto es mantener tipos de cambio relativamente depreciados (algo que suena como música al gobierno argentino, que ha insistido en el tipo de cambio competitivo como uno de los ejes del modelo) y en la flexibilización laboral (una melodía que no es del agrado de la administración kirchnerista).

Justamente una de las recetas del FMI durante los 90 fue referida a la flexibilización laboral, norma que significó un escándalo de corrupción en el Senado que daño severamente el gobierno radical de Fernando de la Rúa. Hoy la flexibilización laboral es vista como una manera de no perder competitividad y productividad frente a un mundo cada vez más globalizado.

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