Washington (Reuters) - Los precios al consumidor de Estados Unidos subieron en junio a su ritmo más fuerte desde setiembre de 2005 por el constante incremento de la nafta, según un informe del Departamento de Trabajo difundido ayer. El índice de precios al consumidor subió 1,1% en junio frente a mayo, marcando la mayor tasa desde que se produjo el huracán Katrina en Nueva Orleáns. La inflación subyacente, que excluye los precios volátiles de los alimentos y la energía, marcó una tasa de 0,3%, mayor que lo esperado. Asimismo, la tasa interanual llegó a 5%, un máximo desde 1991, y por encima del 4,5% que esperaba Wall Street.
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Economistas encuestados por «Reuters» esperaban un alza entre junio y mayo en el índice de precios al consumidor de 0,7%. Excluyendo los precios de la energía y los alimentos, los analistas proyectaban una suba de 0,2%. «El informe subraya el escenario de estanflación que estamos viviendo. Hay tanta incertidumbre ahora mismo en el mercado, que la noticia de una inflación más alta no implica un alza en las tasas de interés», dijo un economista de Scotia Capital en Toronto.
La medición subyacente registró un alza interanual de 2,4%, por encima de la zona de tolerancia de la Reserva Federal (Fed). Se entiende que una inflación elevada quita margen a la Fed para recortar las tasas de interés, mientras esta medida protegería a la economía de una mayor desaceleración.
Los precios de la energía subieron 6,6% en junio, lo que incluye un alza de 10,1% en la nafta. El Departamento de Trabajo dijo que los costos de la energía representaron casi dos tercios del incremento mensual en los precios al consumidor. Tras el informe, la Casa Blanca indicó que el presidente George W. Bush está preocupado por el impacto que tienen los altos precios sobre los estadounidenses. «El presidente está muy preocupado por el impacto que están teniendo los altos precios sobre los estadounidenses, especialmente sobre aquellos de menores ingresos», dijo a periodistas la portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino.
Dijo también que «tenemos confianza en el compromiso asumido por el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, en relación con el crecimiento económico y para mantener la inflación bajo control».
Por su parte, Bernanke dijo ayer a un panel de la Cámara de Representantes de Estados Unidos que su gran prioridad es restaurar la calma financiera, pese a que una inflación «demasiado alta» y un débil crecimiento amenazan la economía. «Lo mejor que se puede decir acerca de esta cifra es que son los datos de sólo un mes», dijo un economista de JP Morgan en Nueva York. «La actual tasa de inflación no está lo que técnicamente se consideraría 'galopando', pero ciertamente está avanzando a un ritmo bastantebueno», agregó. En tanto, los altos costos de los alimentos y el combustible llevaron a la inflación en la zona euro a 4% en junio, una cifra que duplica el objetivo del Banco Central Europeo, informó ayer la oficina de estadísticas de la Unión Europea, Eurostat.
«Seguimos esperando que la inflación se acelere a alrededor de 4,3% durante el verano. Para agosto, esperamos un máximo de 4,3%, nuevamente con los precios de los alimentos y la energía contribuyendo al repunte», dijo un economista de UBS.
Tanto el BCE como la Reserva Federal están enfocados en mantener la inflación bajo control y, por eso, para ambas entidades las cifras resultan particularmente problemáticas, ya que gran parte de las presiones de precios provienen de situaciones que la política monetaria no puede controlar.
Ninguno de los dos bancos centrales está en posición de subir fuertemente las tasas mientras el crecimiento económico se mantenga flojo a causa de la crisis global de crédito y los débiles mercados inmobiliarios en Estados Unidos y España.
«El enorme salto en los precios del petróleo y otras materias primas se debe, en ciento grado, a factores reales que están fuera del control de la Reserva Federal», dijo Bernanke en el Senado. «La Reserva Federal no puede generar otro barril de petróleo», agregó. Los precios del crudo bajaron esta semana, pero se mantienen muy por encima de los niveles del año pasado, lo que significa que las empresas están pagando más por las materias primas, las producciones y el envío. Una economía débil limitaría el traspaso de esos costos a los consumidores, pero las empresas están claramente intentando recuperar parte de ellos.
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