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20 de abril 2004 - 00:00

Lavagna energético, ahora con un plan anti-De Vido

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Lavagna abrió su disidencia con De Vido antes de contar con ese estudio. Fue durante su viaje a Lima, para asistir a la reunión del Banco Interamericano de Desarrollo. Desde esa ciudad señaló su desacuerdo con las tres medidas principales adoptadas por De Vido durante la crisis: la restricción del flujo de gas exportado a Chile, la decisión de no subir el precio del gas natural comprimido (materia en la que Lavagna es experto, gracias a los conocimientos que le habilitó su amigo Vittorio Orsi) y la política de requerir inversiones antes de negociar tarifas.

Ahora Lavagna pretende tener en carpeta un conjunto de medidas que lo pongan en condiciones de expandir su poder durante la próxima crisis, que en Economía prevén para el pico del invierno. Para comprender esta pasión por la energía debería recordarse que el ministro tuvo bajo su poder esa área hasta que llegó al gobierno Néstor Kirchner y se la arrebató para ponerla en manos de De Vido. El funcionario al que le comandó ese pequeño y apetecible reino fue Enrique Devoto, un colaborador de Lavagna desde la década del '70. Ahora, con la crisis, ¿habrá llegado para Lavagna la hora de la venganza? Como Eduardo Duhalde, el titular del Palacio de Hacienda pretende también desprenderse de la responsabilidad que le cabe en el retraso tarifario que está entre las causas de la crisis. El ministro y su antiguo jefe de Lomas de Zamora repiten ahora que ellos pretendieron llevar adelante una actualización de las tarifas y que no pudieron hacerlo por decisión judicial (en su momento había funcionarios que lo explicaban al revés: «Disponemos el aumento de tarifas porque sabemos que los jueces nos lo impedirán»). Aunque en reserva admiten que el propio Kirchner impidió esa actualización.



Detener los dardos del ministro de Economía en De Vido sería una ingenuidad: su blanco es Kirchner, responsable último de las decisiones del ministro de Infraestructura. Lavagna pretende deslindar responsabilidades con el Presidente respecto de las crisis que puedan aparecer en el programa oficial. Importa el detalle: desde la última reunión con el Fondo Monetario Internacional, cuando mantuvo a ciegas a Kirchner durante un par de días, al ministro se lo nota más seguro de sí mismo, «cavallizado», como dicen los chistosos.

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