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Es que entre el «corralito», el control de cambios y la devaluación, la Argentina ha quedado sumergida en una suerte de «juego de horror». Según vengan los cacerolazos, y según nuestros «emperadores» muevan sus pulgares, se pasa de estar salvado o condenado, enriquecido o empobrecido, de un día a otro.
¿Se ha endeudado en menos de u$s 100.000? Está salvado. ¿En un poco más? Está frito. ¿Ha llevado su plata al exterior hace unos meses ? Está salvado. ¿La puso en plazo fijo en dólares en un banco, para estar a salvo de una eventual devaluación? Está frito. ¿Por esas cosas de la vida, o por tener plata en negro, la puso a nombre de su padre de más de 85 años? Está (vamos a ver) salvado. ¿Tiene 70 años? Está frito. ¿Exportaba y se había endeudado en 90 mil dólares?: ¡doble premio! (devaluación + licuación). ¿Invirtió un montón para modernizar una empresa proveedora de esa misma empresa exportadora, y se endeudó en 200 mil dólares? Liquidado. Etc., etc., etc.
Por gracia de nuestros gobernadores, así están las cosas.
Y como encima nuestros «amos» no se dan maña para implementar las cosas bien, y rápido, todo va mal.
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