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Estados Unidos y Europa, enfrentados con una oposición más cohesiva y vocal de la que estaban acostumbrados, respondieron con petulancia. «La articulación improvisada encabezada por Brasil es algo de otro planeta», dijo Franz Fischler, el comisionado agrícola de la Unión Europea. «Necesitan regresar a la Tierra rápidamente.» Pero Charlene Barshefsky, quien fue representante comercial estadounidense en el gobierno de Bill Clinton, ve a la coalición encabezada por Brasil como un desarrollo lógico; «un centro de poder adicional, mucho mejor organizado y más astuto», con una apuesta en el sistema de comercio mundial.
En ese contexto, las conversaciones de Cancún también fueron notables por el golfo que surgió entre el Grupo de los 20-plus y el resto de lo que se conoce como el mundo en desarrollo. La conferencia fue frenada -en torno de la cuestión de los subsidios agrícolas estadounidenses y europeos- no por Brasil y sus aliados, sino por una coalición separada más grande de países menos desarrollados, principalmente africanos y caribeños, que se sentían privados de derechos e ignorados.
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