La que acaba de terminar fue sin dudas una buena semana para casi todo el mercado financiero y, si se quiere, hasta la mejor en mucho tiempo. Una impresionante suba de 5,2% para el NASDAQ, un algo más razonable 2,6% para el Promedio Industrial, una merma de 13 puntos básicos para las tasas de los bonos del Tesoro a 10 años que quedó en 4,847% anual, el petróleo que descendió 4,4% a u$s 71,1 por barril (el viernes tocó un mínimo intradiario en u$s 69,6), y un indudable cambio de ánimos que si bien no es exultante, parece decir que «lo peor» ha quedado atrás. Tanto es así, que quien a primera vista debería de haber sido el sector más castigado, el del transporte «voló» 6%, mientras que las petroleras apenas si acompañaron con un retroceso de 1,1% en promedio la caída del precio del crudo. No hay que olvidar además que en los últimos quince años agosto viene siendo el mes de peor evolución para la tenencia accionaria, una «tradición» que parece estar a punto de romperse. Sin dudas el «catalizador» de la suba fue la sorpresiva merma en la suba de precios mayoristas y minoristas, y en menor medida el inesperado derrumbe en el inicio de nuevas viviendas. Por esto es que aun entre los más optimistas sigue habiendo un dejo de desconfianza. Es que la naturaleza de cualquier catalizador es intervenir en una reacción para acelerarla o frenarla, sin por ello alterarse o alterar los elementos constituyentes. El temor es entonces que lo que vimos la semana pasada no se repita y no sea más que algo puntual. De todas formas parece poco probable que en estos cinco días se vuelvan a dar subas como las pasadas, aun cuando la rueda del viernes cerrara con el Dow ganando 0,41% para rozar el máximo del día en 11.381,47 puntos.
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