Pareciera que el presidente Néstor Kirchner se decidió a poner en práctica algo que hace seis meses dijo a un gobernador norteño de su línea: "Abrámonos un poco". El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, pareciera destinado a hacerlo ante el sector empresario. Ayer en el Cicyp le habló al sector por segunda vez en menos de una semana y en el medio se prestó a un reportaje televisivo. Tan cierta podría ser la "apertura" -en declaraciones públicas, no en convocatorias políticas- que este ministro dijo ayer algo que sorprendió: "Nos enteramos por los diarios de la decisión de la Corte Suprema sobre jubilados" (un ajuste de haberes en "plazo razonable", algo que le podría absorber un cuarto del superávit presupuestario, por ejemplo, porque podría llegar a $ 4.500 millones). ¿Será cierto que así se entera el gobierno de decisiones tan gravitantes de la Corte que también ha decidido por su cuenta la apertura informativa? Alberto Fernández lo dijo. Si ha decidido "abrirse" y hasta aceptar preguntas frente a 300 empresarios, convocados ayer por Julio Werthein, no le será fácil hacerlo a un gobierno acostumbrado a la exteriorización en monólogos habitualmente duros del Presidente en lo que un columnista llamó la " política del atril". Ante una pregunta envenenada de un abogado de la Unión Industrial (lo interrogó sobre si "el gobierno tiene proyecto a 15 años", tocando un tema de los que más se le reprocha a la gestión Kirchner al sostenerse que está demasiado aferrada en el gasto al cortoplacismo con finalidad política) debió el jefe de Gabinete expresar: "Es difícil proyectar cuando aún estamos en terreno resbaladizo". Pero, señaló: "Nos hemos fijado una línea asentada en la industria nacional, reservas crecientes y desendeudarnos. Y hemos terminado con tres males del pasado: que se podía sobrevivir con déficit presupuestario, que con un poco de inflación se puede convivir y que todo lo resuelva el mercado con un Estado idiota que no intervenga". Después se preguntó sobre lo que enorgullece al gobierno: ¿por qué no lo hicieron quienes nos precedieron que, por ejemplo, imponían una ley de " déficit cero" y con eso creían que se llegaba a obtenerlo? Destacó todas las bondades y logros del gobierno casi sin olvidarse ninguno y hasta hizo una extraña suma: "27.000 millones de dólares de reservas que tenemos, 10.000 millones para cancelar la deuda con el Fondo Monetario y 14.000 millones que les pagamos a otros varios: 51.000 millones de dólares en 4 años". Le hubiera faltado agregar los casi 30.000 millones de dólares que hay ahorrados por la gente en las AFJP y los otros 30.000 millones -el gobierno dice más de 50.000- que se "ganaron" con refinanciación exitosa de la deuda y estaríamos en más de 110.000 millones, sin contar los bonistas que no cobraron y juicios del CIADI. Ahí, con las cifras -y sólo las suyas de 51.000 millones de dólares- se mueve cómodo el gobierno y desde ya el ministro. Pero no destacó al boom del exterior con un panorama que no se le presentaba a la Argentina prácticamente desde 1880 y por lo cual algunos "anteriores", sin la misma oportunidad, no pudieron nivelar presupuestos. "Abrirse" al diálogo expone a otras imprevisibilidadesa funcionariosdel gobierno. Apenas se sentó el ministro tras su discurso aparecieron repentinamente 4 chinos encabezados por Víctor Wang para darlela mano y sacarse infinidad de fotos con él ante la sonrisa general. El comentario era obvio ante el sorpresivo hecho: ¿le habrán ido a reprochar que no mencionara a China como sponsor de tantos logros del gobierno que acababa de citar el ministro?
Los puntos salientes del discurso de Alberto Fernández, jefe de Gabinete, en la reunión del Consejo Interamericano del Comercio y la Producción (Cicyp) en el Hotel Alvear, son los siguientes:
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Confesó, como anécdota -venía de tener una entrevista con el ministro Daniel Filmus y Néstor Kirchner-, que «los superpoderes» ya le habían servido para incrementar las partidas a las universidades en 140 millones de pesos.
En 2003 encontramos 30% de la gente bajo la línea de pobreza, 25% que no lograba ni siquiera el sustento diario, 10% más de desocupación y el país estaba en default.
Además, ahora no hay impunidad, no hay genocidas por la calle y a éstos los juzgan tribunales normales y no especiales.
Nos enteramos por los diarios del fallo de la Corte Suprema sobre el ajuste de jubilaciones mayores a mil pesos, y eso, en términos de calidad institucional, es un avance enorme.
En 1983 decían un poquito de déficit no está mal. Y luego sancionaban una ley de déficit cero para ver si lo obtenían. Me agrada ver hoy a gobernadores hablar de superávit en sus provincias.
También decían que con la inflación podíamos convivir, cuando es el impuesto que pagan los pobres.
Encontramos comprensión empresaria, porque ven equilibrio en las finanzas públicas y eso les permite planificar. Les pido a los empresarios que mediten, que calculen sus utilidades a más largo plazo. Tenemos un riesgopaís de 318 puntos, antes teníamos 6.000.
Estamos pensando reglas para la competencia. Francia controla los precios y Estados Unidos aplica férreas leyes antimonopólicas. Por eso nosotros luchamos contra la inflación con el Estado como árbitro porque en el caso contrario, el juego siempre lo gana el más fuerte.
La primera vez que visitamos España, con el Presidente, el administrador de una AFJP en la Argentina nos hizo recriminaciones; entonces, le respondí si le parecía bien quedarse con un tercio de los aportes para administrar su empresa.
Antes se pensaba que todo lo resolvía el mercado con un Estado idiota. Hemos terminado con eso de que un poco de déficit sirve, con eso de que con la inflación se puede convivir y que el mercado lo resuelve todo.
Hoy tenemos inversiones en bienes de capital, estamoscreciendo, el país ha avanzado muchísimo y hemos iniciado el debate sobre la educación.
Entre los logros del gobierno, «hago especial hincapié en el desarrollo de la minería, donde hay muy buena inversión» y mencionó varias iniciativas en provincias. La industria textil también creció «pero debe hacerlo más ante una demanda creciente y habrá novedades en este sector». Luego dio cifras sobre reservas, cancelación al FMI y a otros organismos.
A mí me hubiera gustado vivir durante la época de la Revolución Francesa. Hay otros que prefieren la Belle Epoque o algún otro momento.Creo que la gente de la Revolución Francesa no se daba cuenta, sin embargo, del punto de inflexión que la humanidad vivía en ese momento. Creo que aquí tenemos gente que no interpreta el momento que estamos viviendo. Hemos avanzado una enormidad. Es el dilema que encierra a la oposición, como Ricardo López Murphy, que no pudo bancar más de 15 días como ministro.
Nosotros hacemos lo que los liberales no pudieron. ¿Por qué no quieren el progreso? Esto no puede reducirse a un presidente que firma decretos y a un Congreso que saca leyes: todos tenemos la oportunidad de hacer distinto al país.
Quien asuma después de 2007 va a encontrar ese país distinto que desde el gobierno estamos haciendo y desde donde necesitamos que todos colaboren.
Más tarde, respondió algunas preguntas. Sobre la Ciudad de Buenos Aires reconoció que tiene una «estructura muy pesada», pero está con superávit. Además, es el distrito -junto con Mendoza- que nunca entró en default. Señaló luego que es difícil proyectar cuando se pisa, todavía, terreno resbaladizo. «No escribimos, no hacemos actos para decirlo, pero más que proyectos ampulosos, nos guiamos hacia donde queremos ir, cómo se va y, sobre todo, lo hacemos». Sostuvo que «nuestro alineamiento es la industria nacional». Habló de «las reservas crecientes y de desendeudarnos» como objetivos primarios.
Ante una pregunta sobre prepagas médicas y si serían «controladas», respondió que sería «sano hacerlo y hay un proyecto de ley de la legisladora Patricia Vaca Narvaja que yo comparto».
Al interrogarlo sobre si se terminaría de integrar la Corte Suprema, contestó: «Funciona bien, con calidad y con criterio de independencia. El Presidente no incumple la ley, no hace nada ilegal, por no designar dos representantes». También señaló que en la Argentina todo lo que no gusta es inconstitucional y citó elogiosamente un artículo al respecto del camarista Alberto Dallavia que dijo había leído en Ambito Financiero. Recordó también que en España, en la época de Francisco Franco, se enseñaba Derecho Político y no Derecho Constitucional porque no regía la Constitución.
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