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Esos cercanos al Presidente desestiman esas posibles complicaciones que se anticipan como consecuencia no deseada de honrar prematuramente al FMI. Hasta con humor señalan que la propia invocación del riesgo compartido -utilizada hasta por ministros de esta Administración- es una figura jurídica típica, tan argentina, como cualquier excusa para no pagar. Por lo tanto, no modifica el amperímetro del Derecho en otros tribunales, ni antes ni después de cumplida la obligación con el organismo internacional. Cierta ironía supera temores, pero hasta el propio estudio que defiende a la Argentina en los EE.UU., Cleary, Gottlieb, Steen & Hamilton, ayer hizo difundir un memorandum donde detalla juicios y montos de una parte de los bond holders, y no propicia continuidad en los pleitos.
Para los mismos cercanos a Kirchner que imaginan cerrado el capítulo de estos acreedores -buitres ¿era la palabra?-, el momento sólo es una oportunidad para sus propios intereses: es que muchos tenedores, al ver la desaparición del único organismo que podía clamar por sus fondos hoy suspendidos en el aire o en litigio -como de hecho lo hacía el FMI-, deben sentir que han quedado en la intemperie, sin defensas. Por lo tanto, según el criterio oficial, hoy dispondrían de voluntad y entusiasmo para incluirse en el convenio del cual renegaron en el pasado, siempre y cuando se reabra la posibilidad del canje. Además, hay particularidades adicionales desde que Roberto Lavagna logró 74% de apoyo en esa operación.
Más para comprender a esos Shylocks modernos según el gobierno -en rigor potentados que devinieron en astrosos pedigüeños- en su propósito por acordar lo que en su momento rechazaron: nadie ha dejado de percatarse de la evolución de esos títulos que se aprobaron con el canje, ganancia que obviamente perdieron quienes exigen la totalidad de su recompensa en la Justicia. Por ese costo perdido, al menos esa dudosa evaluación sobre lo que les convenía o no, también afectó en su confiabilidad a algunos fondos en los Estados Unidos. Y por si todos estos astros no indujeran a una constelación favorable para el entendimiento, también existe otro dato concreto: los tres bancos extranjeros que se ocuparon del canje argentino (UBS, Merrill Lynch y Barclay) disponen de una cláusula, hasta marzo, para realizar los trámites de un nuevo canje siempre y cuando se decida una reapertura de la oferta (ya se dijo ayer, piensan en un book building o en un plan decreciente de facilidades para los que tarden en inscribirse). Para ese trío bancario (Barclay más afectado porque ya no podrá lanzar tampoco unos bonos que pensaba emitir Lavagna), la oportunidad del negocio es por los próximos 60 días, ya que luego debería convocarse -si se optara por la reapertura- a una nueva licitación. Y en ese trámite no desean reincidir. A ellos les gustaría la reapertura que Kirchner niega, aunque en su viaje a los Estados Unidos -donde se propone que el sector privado allí le facilite una recomposición con esos republicanos en el poder que, al hablar de la Argentina actual, dicen «déjenlos solos»- tal vez deba responder por esta cuestión.
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