Néstor Kirchner dedicó ayer otro discurso a criticar a sus adversarios políticos, poniéndolos, al menos por la agresividad de sus dichos, como enemigos internos del país. En realidad, fue una respuesta a Ricardo López Murphy, quien lo acusó de no tener plan económico -algo que muchos afirman y sin intención de subvertir nada-. Bastó eso para que el Presidente ahondase el discurso contra «economistas», «corporaciones», «sectores», etc. Pegó, además, esas críticas a un imaginario enemigo externo contra el cual incitó a los 5 mil vecinos que le había llevado Felipe Solá en Florencio Varela, corazón del conurbano: «Si de allá aprietan, ustedes me van a ayudar para que les torzamos las manos». Ese «allá» es seguramente el FMI o los acreedores que están más «acá» de lo que dice el Presidente. Peligroso que un presidente que debe enfrentar una crisis gravísima arranque su gestión identificando a un enemigo interno y buscando una división entre sectores del país. Ha sido el germen de procesos autoritarios, algo que han advertido algunos dirigentes que no podrían ser sospechados de estar muy lejos de Kirchner en línea política, aunque sí en los métodos, como Raúl Alfonsín o Elisa Carrió. Eso lo dijo Kirchner, además, después de otro desaire a empresarios que fueron al acto en el conurbano, que esperaron en vano a que les dirigiese la palabra.
Y en respuesta a quienes le imputan un «sin rumbo» económico, se atajó:
En ese tramo, lanzó su pedido de apoyo: «Si de allá aprietan, ustedes me van a ayudar para que les torzamos las manos y la Justicia vuelva a nuestra querida patria», porque «queremos que el sol vuelva a alumbrar para todos, con la dignidad del trabajo y la solidaridad».
La arenga presidencial estalló durante un acto con 7.000 personas que el peronismo armó para Kirchner en «La Patriótica», un campo de deportes ubicado en una barriada pobre de Florencio Varela, distrito del conurbano profundo castigado por la crisis social.
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