«¡Troco, troco! ¡Dólares por reais!» La últimafrase no es privativa de los «arbolitos» que compran y venden divisas en el mercado informal. También se escucha en las financieras y compañías globales de inversión. Es que los países exportadores con grandes superávits en cuenta corriente están diversificando sus inversiones en moneda extranjera y alejándose del dólar, que desde principios de 2007 hasta hoy se depreció 17% frente al euro. Las divisas de países emergentes son las nuevas vedettes, y entre ellas, una de las preferidas es el real.
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El 30 de abril la calificadora de riesgo Standard & Poor's le otorgó « investment grade» a Brasil, así como a la compañía estatal Eletrobrás y a los bancos Do Brasil, Unibanco, BNDES, Nordeste do Brasil y a las subsidiarias del Santander y HSBC; además, ratificó al Bradesco y al Itaú, que ya habían obtenido esa categoría. «Brasil pasó a integrar el club de los más serios», dijo su ministro de Hacienda, Guido Mantega. País serio, con bancos serios y moneda seria. Y con continuidad en las políticas. Tres presidentes y varios equipos durante 14 años buscaron no apartarse de las metas trazadas en julio de 1994, cuando se implementó el Plan Real.
En enero de 2003, al asumir Luiz Inácio Lula da Silva, el dólar tenía una cotización parecida tanto al real (3,44) como frente al peso (3,27). Dos años después, mientras en la Argentina la paridad dólar estaba en $ 2,94, el real ya se había embarcado en el camino de la apreciación frente a la divisa verde y el tipo de cambio se ubicaba en 2,69. En enero de 2007, se pagaban 2,14 reales y $ 3,09 por dólar. La tendencia se reforzó en los años siguientes y llegó al « investment grade» con 1,67 real por dólar. En lo que va de las dos presidencias de Lula da Silva, el real se apreció 103% frente a la divisa norteamericana. El peso argentino, sólo 3% durante el mismo lapso.
Interrogante
¿Qué hubiera pasado si, haciéndole caso a la advertencia de Lorenzo Sigaut en 1981 -«el que apuesta al dólar pierde»-, los ahorristas argentinos, tan afectos al billete verde, hubieran puesto, en vez, las fichas al real? De enero 2003 a esta parte, se habrían capitalizado en 100%. Es fácil decirlo con el diario del lunes, claro. Para esa fecha, la Argentina, culturalmente dolarizada después de casi una década de convertibilidad, venía del default de 2002. Y tenía bien presente el otro default -Brasil 1987-, la devaluación de 1999 y su caída frente al dólar durante todo 2002. No había mucho margen para la confianza.
Tampoco quieren exagerar el grado de confianza economistas como Ilan Goldfyan, de Ciano Investimentos. Hace un par de meses, Goldfayn, ex vicepresidente del Banco Central do Brasil, sostuvo que el boom del real se debía a la depreciación de un dólar recesivo, y que Brasil debía limitar el gasto público para liberar recursos para la exportación y la inversión. ¿Y hoy, después del «investment grade»?, le pregunta Ambito Financiero. «En esta euforia existe un riesgo, que es China: si mantiene su crecimiento, seguirá comprando commodities, que es lo que beneficia a Brasil y su moneda, lo mismo que a Canadá, Australia y Nueva Zelanda.» «A diferencia de otros países -aclara-, como la Argentina, que con mayor inflación baja la tasa, lo que la convierte en una excepción para las reglas de política económica, en Brasil la tasa de interés es muy alta (11,5%) y este diferencial es lo que permite que el real se aprecie.»
El «momento mágico», como calificó el presidente Lula a estos meses de euforia, puede traducirse en números. Como los de la performance entre el 1 de enero y 14 de mayo de los índices bursátiles de Bovespa (San Pablo) con 20% de alza, comparado con los neoyorquinos de S&P 500 y FTSE 100 con caídas de 5% y 6%. O el promedio de 19% de ganancia durante el último trimestre en 151 grandes empresas brasileñas, de acuerdo con una medición realizada por el diario «Valor».
Para Dante Sica, titular de la consultora Abeceb, especializada en finanzas argentinobrasileñas, a partir del «investment grade» se abrió para Brasil un nuevo panorama para los inversores institucionales. «Habrá un mayor flujo de inversión y esto apreciará al real, que podría transformarse, como moneda fuerte regional, en una buena opción para los empresarios que operan con Brasil», dice.
Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat Argentina, es uno de esos empresarios que operan en Brasil y en la Argentina. «El momento de Brasil es extraordinario -señala-, pero va a llevar muchos años para que el real se transforme en una moneda como el euro, que heredó la solidez del marco alemán.»
Existe el temor de que por «la magia del momento» ingresen tantos capitales a Brasil que terminen por apreciar demasiado el real, en perjuicio de las exportaciones. «Creo que el real se quedará quieto -dice Goldfyan-, porque el mercado ya se anticipó con un flujo importante de capitales». «Sí va a haber -concluye- una mudanza en la composición de éstos, y se van a ir aquellos que no son estables.»
Y viene la pregunta del millón: ¿hay que pasarse al real? Goldfyan no lo recomienda. «Estamos en economías emergentes», recuerda. En cambio, para el broker de un banco de inversión norteamericano, el real es una excelente opción, de rendimiento asegurado. Aunque para portfolios no conservadores.
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