Postal del impacto de la puja con el agro: un empleado del Mercado Central, desconsolado
por la actividad nula del sector.
«Muchachos; van a tener que irse a casa porqueya no tenemos más capacidad para almacenar... Cuando podamos volver a hacer andar los camiones, los llamamos de nuevo». El capataz de una planta reunió a los trabajadores para explicarles por qué los suspendía y les rebajaban 50% del sueldo: los depósitos están abarrotados del insumo alimenticio que fabrican, pero no tienen cómo hacérselo llegar a sus clientes.
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El caso es un ejemplo de lo que sucede en otras fábricas del país: la falta de insumos pone en peligro la provisión no sólo de alimentos frescos sino de los envasados también. Pero a su vez, la imposibilidad de distribuir lo que ya tenían en stock antes de que comenzara el paro del campo provoca desabastecimiento, y se agravará.
En las próximas horas la falta de carne, leche, aceite y pollos, que ya se verifica en todas las góndolas y comercios se puede extender a otros alimentos básicos como galletitas y fideos, de prolongarse el paro del campo. Ya muchas empresas comenzaron a suspender personal por falta de materia prima para trabajar. Otras, pusieron a su personal a hacer tareas de mantenimiento para no mandarlos a la casa y agregar un foco de conflicto más a los ya existentes.
Una de las mayores firmas lácteas del país lanzará hoy un comunicado en el que advierte el corte de la cadena de pagos; otra gran empresa del sector lo dice «off the record» que sus depósitos están llenos de quesos y «frescos» (yogures, postres, cremas, etc.), pero no pueden enviarlos a los supermercados. Esto a su vez provocará que dejen de pagarles a sus proveedores, distribuidores y -lo más preocupante- a su propio personal.
Desde una tercera empresa láctea aseguran que «no es verdad que estén dejando pasar la leche fluida: como cada corte es independiente de los demás, es una decisión voluntaria de cada grupo. Y hasta ahora, por lo que sabemos, son más los que se niegan a franquear el paso que los que lo permiten». El panorama para la provisión de este producto, entonces, sería más complejo de lo que quiere hacer ver el gobierno.
Pocos insumos
Una alta fuente de la Unión Industrial Argentina dijo a este diario que buena parte de las empresas -sin identificar sectores- tiene insumos para funcionar hasta hoy, pero no más allá. «Muchas tienen los galpones llenos de yerba, lápices, televisores, remedios... y no pueden llevarlos a los puntos de venta. Es un drama, y tienen que empezar a suspender gente...».
El caso de Córdoba es un ejemplo: se dice allí que ya hay unos 15.000 suspendidos, y el número irá en aumento esta semana. Es el caso de la planta de Bagley/Danone, que debió discontinuar una de sus líneas de producción, la que fabrica las galletitas «de agua» más populares del país.
Es que una de las materias primas centrales de las «crackers» es la grasa bovina (más agua y harina), y dado que no se faena una vaca desde hace casi tres semanas (más los problemas que arrastraba el sector por la suspensión de las exportaciones) ese producto desapareció. Las alimentarias no «stockean» grasa, por lo que esas galletitas acompañarán a la carne y la leche en la lista de desaparecidos de las góndolas.
El problema, sin embargo, no se circunscribe a los alimentos. Ejemplos: la grasa -que afecta a las galletitas- también es la materia prima del jabón de tocador; las siderúrgicas no reciben cal y no pueden elaborar acero; las fábricas de electrodomésticos no tienen cajas de cartón para envasar sus televisores y MP3 para enviarlos a los puntos de venta; las terminales automotrices no pueden ensamblar vehículos por falta de autopartes. Por eso, las fábricas radicadas en Córdoba están echando mano al carísimo flete aéreo para eludir los cortes de ruta, a lo que se suma un conflicto gremial de los aduaneros brasileños.
Sobre llovido, mojado...
De todo esto -más la insólita incursión del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, por los centros de compras de Jumbo y de Coto del viernes por la mañana y la posterior promesa de la cámara que los reúne de abastecer y conservar precios, y del accionar de Luis D'Elía como fuerza de choque del gobierno- hablan por estas horas en privado los más altos dirigentes de la UIA, que el jueves publicó una solicitada llamando al diálogo.
Mientras estaban escribiendo el texto del documento, los llamaron de Casa Rosada para avisarles que la Presidente los esperaba al día siguiente en su despacho, luego de dar su discurso en Parque Norte. Un rato después, «alguien» le avisó al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, que la central fabril preparaba una declaración pública, y nuevamente llamaron al edificio Carlos Pellegrini para «sugerir» que ese documento debía contener alguna condena explícita a los piquetes del campo. Lo discutieron brevemente, hasta que uno de los dirigentes casi gritó: «Ché, pero ¿qué somos, al final, la CAME?», en alusión a la entidad que preside Osvaldo Cornide y que sigue a pie juntillas las instrucciones que le llegan desde el despacho de Fernández. Después de consensuar el documento, llamaron a las cuatro entidades rurales (SRA, Coninagro, CRA y FAA) para adelantarles el texto; desde allí también les pidieron «ayuda», sin éxito.
A partir de hoy, sin embargo, además de la «trenza» los empresarios industriales deberán abocarse de lleno a la difícil tarea de conseguir insumos para alimentar sus máquinas.
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