Normalmente los días previos a que el Comité Abierto de la Fed dé a conocer alguna decisión con la tasa que mantendrá como objetivo para los fondos federales durante el siguiente período, suelen ser "aburridos". Esta vez no fue así, y ello se debió básicamente a los problemas de una sola cotizante: British Petroleum (BP). Como el cuento de aquel general que perdió la batalla porque su edecán no supo atarle bien el cordón de los zapatos, un pequeño agujero en un oleoducto sirvió para que la empresa se aviniera a reconocer que 73% de los oleoductos que maneja en los EE.UU. están en una condición tal que deben ser reemplazados a la brevedad. Si bien la cotización de la empresa cayó menos de 3%, al anunciar que deberá suspender la entrega de casi 8% del petróleo consumido en los EE.UU., el precio del crudo salió disparado a u$s 76,92 por barril (el récord nominal fue el 14 de julio en u$s 77,03). Si bien esto sirvió para entonar algunos papeles del sector energético, ya sea por 3,3% que subió el S&P 500 en las últimas tres semanas, la posibilidad que la Fed aparezca hoy con un "martes siete" en su comunicado, por la menor perspectiva de ganancias para Intel, o por algún otro motivo, los inversores se mostraron ligeramente pesimistas (que además fueron cautos lo demuestran los magros 1.250 millones de papeles tranzados en el NYSE), llevando a que al momento de sonar la campana el Dow retrocediera 0,19% a 11.219,38 puntos. Si bien es cierto que la tasa de los teasuries de 10 años trepó ayer a 4,93%, más que obedecer a una posible decisión de la Fed de subir hoy nuevamente su tasa de referencia (los contratos de futuros implicaron una chance de 20% por ella), esto parece haber obedecido a la primera tanda de los u$s 42.000 que colocó el gobierno en deuda durante esta semana.
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