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De las tres posibilidades que se discuten parecía la más probable por ser el mal menor, aunque no todas las empresas están convencidas de que así sea. Esta alícuota de 8% no será firme, sino que oscilará de acuerdo con el precio internacional del crudo. Cuando aumente el precio del petróleo, puede subir el porcentaje de este impuesto.
Las otras dos alternativas, un aporte adelantado no reintegrable o retenciones a las exportaciones, siguen vigentes como opciones.
De todas maneras, antes del fin de semana se conocerá la fórmula para gravar a las petroleras para con esos fondos paliar las pérdidas de los bancos por la pesificación.
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