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15 de julio 2008 - 00:00

Postergan traspaso de Aerolíneas al Estado

Por falta de acuerdo en el precio final, se postergó ayer la firma de la estatización de Aerolíneas Argentinas. Los empresarios españoles exigen una compensación, el gobierno ni piensa en ese detalle (más bien, vía Carlos Zannini y Ricardo Jaime exige una confesión de la empresa Marsans sobre su incapacidad para administrarla). Hoy actúa un juez por reclamo de los gremios, otra instancia a negociar. Clara la actitud española: dilatar cualquier entendimiento (mientras se desgasta el gobierno). También la del oficialismo: cerrar pronto la nacionalización. Mientras, anteayer, la subsidiaria de cabotaje Austral trasladaba turistas desde Brasil en chárter y dejaba colgados a pasajeros argentinos en el país. Había indignación y el chiste ya se hizo común: la gente suele aplaudir cuando los aviones aterrizan; con AA, ocurre al revés: aplaude cuando levantan vuelo.

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El Boeing 747-400 de Aerolíneas Argentinas que solía usar Cristina de Kirchner para viajar al exterior. Si se expropia y reestatiza la empresa, podría ser el avión presidencial.
Hoy en el juzgado Comercial Nº 15, a cargo del juez Jorge Sicoli, deberán verse las caras los abogados del secretario de Transporte, Ricardo Jaime, los representantes de cuatro gremios y ejecutivos de Aerolíneas Argentinas.

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El magistrado los citó a todos para tratar con ellos el pedido de intervención judicial al grupo aéreo presentado la semana pasada en conjunto por el gobierno y los sindicatos APA (personal de tierra), AAA (auxiliares de a bordo), UPSA (personal superior) y APLA (pilotos).

En tanto, ayer comenzaron las reuniones entre funcionarios del gobierno y del Grupo Marsans para tratar de ponerse de acuerdo en lo que ya es un hecho irreversible: la retirada de los españoles de la Argentina a través de la venta al Estado de Aerolíneas Argentinas y Austral.

Después de «tirar la toalla» tras cinco años de hostigamiento por parte de dos de los gremios (APLA y APTA, el sindicato de los técnicos) Marsans está intentando irse del país lo más decorosamente posible, lo que significa negarse a firmar una especie de «declaración de incompetencia» que le exigirían Jaime y el secretario legal y técnico de la Presidencia, Carlos Zannini, los « halcones» del gobierno en esta instancia, que sin dudas siguen las órdenes del ex presidente Néstor Kirchner.

También pretenden cobrar por los activos que se verán forzados a dejar, y para eso aspiran a que el gobierno acepte la designación de un árbitro que determine cuánto valen las acciones de Aerolíneas y de Austral, descontada la deuda.

En este sentido, este diario aclaró ayer que los pasivos de Aerolíneas Argentinas rondan los u$s 600 millones, de los cuales cerca de u$s 150 millones son deudas «exigibles» (o sea, deben ser saldadas de inmediato si así lo pide el acreedor). Entre lo que adeuda el grupo se cuentan los u$s 100 millones que tomó prestado del Banco Nación para pagar salarios, u$s 66 millones a Aeropuertos Argentina 2000 por tasas aeroportuarias, cerca de u$s 50 millones a YPF por combustible, unos u$s 15 millones por el leasing de aviones y un viejo crédito tomado por Iberia en el Banesto por u$s 41 millones, que es discutible porque esa plata nunca ingresó a Aerolíneas. El resto son deudas con proveedores y no mucho más, por lo que resulta complicado llegar a los u$s 900 de los que habla Jaime.

A su turno, el propio Jaime insistió -en declaraciones radiales- en fijar en esa cifra el pasivo total del grupo. Parece una exageración de Jaime, que buscaría el doble efecto de reducir el monto de una posible indemnización por lo que terminará siendo una expropiación (se le dé el nombre que se le diere), y de pintar un panorama negrísimo de la aérea, que justifique una medida así de extrema.

  • Dureza

    Por eso ayer hubo durísimas reuniones entre los delegados de Aerolíneas (el CFO de Marsans Vicente Muñoz, y los directores Horacio Fargosi y Jorge Molina) con Jaime y Zannini; puede afirmarse que no hubo el menor acercamiento entre las partes.

    Después de ese «no acuerdo», ayer por la tarde comenzó a circular la versión de que Marsans habría reclamado quedar al frente de las operaciones de Aerolíneas por 90 días más, tras lo cual entregaría el control al Estado (la presidencia se le ofrecería al ex intendente de La Plata Julio Alak).

    El propósito de tal extensión de lo que es ya una agonía (el domingo hubo más cancelaciones y atrasos) sólo se explicaría si los españoles esperan que algo se modifique en el panorama político-económico que les permita conservar la compañía.

    Hoy, entonces, los gremios, el gobierno y la empresa tendrán su día en el juzgado. A los sindicatos -una vez pagos los sueldos de junio y depositadas ayer por la empresa las cargas sociales y los aportes sindicales- sólo les quedará un reclamo para pedir la intervención: la reprogramación de los vuelos.

    En diálogo con este diario, Edgardo Llano, secretario general de APA, dio como ejemplo que «el sábado 19 están programados 25 vuelos a Bariloche, 13 de Austral y 12 de Aerolíneas. Creemos que con la cantidad de aviones operativos que tiene la empresa (Austral 7 a 9; Aerolíneas 12) no se va a poder cumplir con ese organigrama: va a haber atrasos y cancelaciones. Pero además, nosotros tenemos apenas 15 personas en la escala Bariloche, lo que hace imposible que con ese escaso personal se procesen 25 vuelos en 18 horas.»

    El gran ausente seguirá siendo APTA, el gremio que encabeza Ricardo Cirielli que, si bien fue quien lanzó la idea de «reargentinizar» la compañía, privilegia su pelea con Jaime. A pesar de esa renuencia, gobierno y sindicatos habrían acordado «poner el hombro» durante un año, lapso en el que se vería cómo está Aerolíneas. «Después no sabemos qué pasa; no hay un plan para Aerolíneas ni una política aérea estratégica. Preferimos estar desde adentro porque si nos enfrentamos a Jaime el gobierno lo respalda cada vez más», dijo a este diario otra fuente gremial.

    Llano, en cambio, fue más enfático: «La empresa debe ser estatizada, porque no confiamos en ningún empresario argentino para tomar el lugar de Marsans. Ya hubo empresarios del país que tuvieron líneas aéreas, y todas terminaron ya sabemos cómo... ¿Extranjeros? Las experiencias tampoco son las mejores: no nos fue bien ni con American Airlines ni con Iberia».
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