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En el almuerzo, Kirchner reiteró la rutina que ofrece esta temporada en los escenarios de Europa occidental y que sus acompañantes ya se saben de memoria: crítica al FMI por empujar al país a una política que fracasó, necesidad de que los socios europeos vean el largo plazo, necesidad de seguridad jurídica para los dos lados del mostrador -como si fuera posible de otra manera, esto es un juego palabras-y recitado de la lista de logros de la gestión Duhalde-Kirchner, es decir, de Lavagna. Prodi, informado como pocos, le preguntó sobre las cuatro metas del último preacuerdo --progra-ma fiscal, reforma bancaria, reglas de juego para las empresas y seguridad jurídica-. Lavagna y el Presidente echaron mano de los resultados del último juego del INDEC e intentaron mostrar que los indicadores se mueven pese a los críticos que ven otra cosa. «Estamos superando la meta fiscal -dijo Kirchner-, y ésa es la puerta para un acuerdo que esperamos se cierre en agosto y se discuta en setiembre en Dubai.» No era tema de la mesa dar más detalles sobre montos, plazos y condiciones de ese acuerdo. Prodi, como todos los anfitriones de la delegación argentina que recorre una Europa ya en vacaciones, con 42º grados en París, y con funcionarios y empresarios que se han forzado a suspender sus vacaciones, le dijo que lo tenga al tanto de ese acuerdo y que lo que necesite se lo pida.
La Unión Europea representa países y no empresas, y es del peor gusto introducir temas sectoriales; por eso, le habían dicho al Presidente que estuviera tranquilo con eso. Ahí fue que dijo que esperaba que las mismas empresas que habían logrado sus contratos en los '90 para beneficiarse los modificaran sin hablar de romper las reglas o irse del país. Además, el acuerdo con el FMI, dijo el Presidente, forzado a deschavizar un poco la respuesta, da una señal de que se cumple también con la pauta de la seguridad jurídica. En estos foros a los que Kirchner viene con la vaina para asustar se toman las palabras en otro sentido a como las usan los políticos, y más los peronistas. Para un heredero del general decir algo es señalar otra cosa, a veces lo contrario.
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