Michael Douglas recreará el papel de Gordon Gekko en la
segunda parte de «Wall Street», que se llamará «El dinero
nunca duerme».
Gordon Gekko está de vuelta: ayer, Michael Douglas le confirmó al diario «The New York Times» que volverá a encarnar al inescrupuloso broker en la secuela de «Wall Street», rodada hace 20 años por Oliver Stone. La continuación, que producirá una vez más Edward Pressman a través de la 20th. Century Fox se llamará «Money Never Sleeps» («El dinero nunca duerme»), una de las frases que deslizaba el personaje de Douglas en el film original.
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El guión está siendo escrito por el libretista Stephen Schiff. El acuerdo entre Fox y Pressman se firmó a fines de la semana pasada. Lo que no logró el productor fue convencer a Stone para que volviera a ponerse tras las cámaras en esta segunda parte. Tampoco será de la partida Charlie Sheen, quien interpretó a Bud Fox, el joven protegido de Gekko que terminaba vendiéndolo al fin de la película, por lo cual terminaba en la cárcel.
Cuando se le preguntó a Pressman sobre la vida de Gekko en todos estos años, respondió: «estuvo preso, allí tuvo mucho tiempo para pensar. No creo que sea muy distinto ahora de lo que era». El productor no quiso ser demasiado específico acerca del argumento de esta secuela, aunque anticipó que Gekko se moverá a sus anchas en este era dominada por los fondos de alto riesgo. El rodaje se iniciaría recién a fines de este año, no sólo cuando el guión esté listo sino también cuando Douglas termine otra película.
Esa película se titula «Tragic Indifference» («Indiferencia trágica»), donde interpretará a un abogado en un historia que revive el escándalo que sacudió a la Ford y a Firestone en el año 2000, cuando se los relacionó con una serie de accidentes mortales de un modelo 4x4. Douglas encarnará allí a Tab Turner, abogado defensor de Donna Bailey, una estadounidense que quedó parapléjica después de un accidente en una camioneta Ford. En 2000, ambas firmas fueron demandadas por lo civil por accidentes mortales en uno de sus modelos de vehículos todo terreno cuyos neumáticos explotaban tras alcanzar determinada velocidad. En el caso de Bailey, ambas empresas aceptaron pagar un importante monto por daños.
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