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7 de enero 2002 - 00:00

Repercusiones en Wall Street de las nuevas medidas

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"La devaluación, de la manera que la han hecho, será en el mejor de los casos un amortiguador de la devaluación final; y en el peor de los casos va a agravar las cosas para el futuro", señaló Lacey Gallagher, analista de Credit Suisse First Boston.

La analista cree que lo más probable es que al gobierno argentino se vea obligado "más bien pronto" a flotar libremente su moneda y dejar la dualidad del tipo de cambio anunciada el domingo.

El gobierno dispuso ayer el fin de la convertibilidad y el establecimiento de dos tipos de cambio, uno de un dólar oficial fijado en 1,4 pesos por dólar para las transacciones de comercio exterior; y el otro que será fijado por el mercado.

Asimismo, el gobierno logró del Congreso poderes adicionales que le permiten intervenir en las transacciones bancarias y en la fijación de precios de las tarifas de las empresas de servicios.

La ley de emergencia económica cambia también los contratos con las empresas de servicios, de modo que ahora los cobros de estas compañías deben realizarse en pesos, y establece el cambio de las deudas bancarias denominadas en dólares de hasta 100.000 dólares a pesos, con una conversión de uno a uno.

Para ayudar a sustentar la debilitada situación de los bancos el gobierno estudia un impuesto a las exportaciones petroleras que podría ser, según informa la prensa local, del 20 por ciento.

La esperanza del gobierno argentino es que la devaluación ayude a las empresas argentinas a mejorar su posición en el mercado internacional, aumentando así la actividad económica del país, cuya contracción por cuatro años es la mayor causa de la crisis.

Para Ernst "Chip" Brown, analista de Santander Investment, la devaluación "desde el punto de vista de la competitividad es importante, pero no es central".

"La verdadera razón por la que la devaluación es importante es porque todos estaban especulando si había o no devaluación, y por eso los valores financieros estaban inestables. En este sentido una devaluación puede ser el primer paso en una estabilización de los valores financieros", agregó el analista.

Sin embargo, aclara que para que esta estabilización se logre se necesita que la devaluación sea acompañada de una serie de medidas como un presupuesto balanceado y otras medidas que seguramente serán "desagradables" para los argentinos.

Brown explica que obviamente esto no es fácil dado el contexto político de Argentina, y que por ello el principal desafío del nuevo gobierno es el de mostrar el suficiente liderazgo para mantener la volátil situación social bajo control.

Para Gallagher, los controles anunciados ayer crean mayores distorsiones en la economía, lo que agravará la situación de la económica y por ende también la situación política.

A juicio de la analista, la verdadera solución para Argentina pasa por entregar señales claras en el plano bancario y fiscal, entregando los resguardos necesarios para el sistema financiero y en elaborando un presupuesto equilibrado.

Para Thiery Wizman, analista de Bear Stearns, lo importante es saber si el programa económico del nuevo gobierno argentino es lo suficientemente sostenible como para lograr el apoyo de los entes multilaterales y los EEUU.

"Yo sospecho que (el plan de emergencia anunciado ayer) no es sostenible... el hecho de que esperará 6 meses antes de flotar libremente el peso es una señal de que no lo es", agregó.

Sobre la confianza que tienen los analistas de Wall Street en el nuevo gobierno de Eduardo Duhalde, Brown señala que es muy pronto para tener una opinión clara, pero que a su parecer el nuevo presidente es aconsejado por "gente inteligente, y si escucha a su ministro de economía y al Banco Central debería hacer lo correcto".

Pero Wizman es categórico al señalar que hasta ahora, "desde el punto de vista de la propiedad, lo que está haciendo el nuevo gobierno es equivocado".

"Resulta muy claro que lo que están tratando de hacer (el gobierno) es mantener su capital político, pero a costo del sector privado", explicó Wizman.

A juicio de los analistas, los sectores más directamente afectados por las medidas anunciadas ayer son los bancos y las empresas de servicios, pero Gallagher señala que ante un eventual colapso, este sería tan grande que "todas las empresas se verán seriamente afectadas".

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