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3 de abril 2007 - 00:00

"Se ha montado una bomba de tiempo"

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Carlos Rodríguez Braun afirmó desde España que los comerciantes no tienen ninguna responsabilidad en la inflación, por lo que «perseguirlos o pactar con ellos sólo pretende encubrir la realidad».
Para el economista Carlos Rodríguez Braun, «la inflación es una bomba de tiempo». Militante en la izquierda peronista en los años 70 (se exilió en España, en donde obtuvo su doctorado), Rodríguez Braun escribió varios libros en los que plasma su visión liberal de la economía. Actualmente, ejerce la docencia como catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid.

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Desde España respondió algunos interrogantes a Ambito Financiero acerca de los principales obstáculos por los que atraviesa la economía argentina actual. Sostiene que «los gobernantes quieren maximizar su poder, para lo cual estarán dispuestos a adoptar prácticamente cualquier conjunto de medidas que crean que pueden « vender» a los electores».

Periodista: ¿Cuáles considera que son las causas de la inflación?

Carlos Rodríguez Braun: (Néstor) Kirchner tiene el dudoso honor de haber vuelto a traer la inflación a la Argentina. Recordemos al fallecido Milton Friedman: la inflación es un fenómeno monetario y la moneda depende de las autoridades. Entonces ninguna responsabilidad tienen los intermediarios o los supermercados o las tiendas: perseguirlos o pactar con ellos sólo pretende encubrir la realidad. Y ésta es que la política cambiaria del gobierno conduce a una política monetaria incompatible con la estabilidad de precios.

P.: ¿Qué opina de las políticas implementadas para frenar la inflación?

C.R.B.: ¿Se refiere a perseguir a los supermercados o a vigilar a las autoridades del INDEC, o al disparate de manipular índices y controlar precios? Es generoso llamar a eso «políticas implementadas-». Lo primero que habría que hacer es dejar de denominarlas de esa manera y contarles a los argentinos la verdad de la bomba de tiempo que han montado los muchachos K. Y no veo a las autoridades muy dispuestas a esclarecer esto.

P.: ¿Qué opina de lo que ocurrió en el INDEC?

C.R.B.: Por un lado, es una payasada bochornosa. Y, por el otro, una escalofriante muestra de totalitarismo.

  • Límite

    P.: ¿Cree que existe división entre heterodoxia y ortodoxia en la economía actual?

    C.R.B.: Interesante propensión taxonómica, pero engañosa. ¿Bajar los impuestos qué es? ¿Y subirlos? ¿Y privatizar la Seguridad Social, por ejemplo? Esto quizá obedezca a la necesidad de simplificar lo complejo, pero debería tener algún límite. Por eso, si la pregunta es si pienso que en la economía, hay cosas más o menos lógicas y monstruosos disparates, la respuesta es que sí.

    P.: ¿Es posible, sin embargo, identificar elementos ortodoxos y heterodoxos en el modelo actual?

    C.R.B.: La palabra «modelo-» transmite la idea de que los gobernantes tienen la capacidad intelectual de representar verosímilmente la realidad económica en su rica complejidad y de aplicar políticas coherentes entre sí que apunten al mayor bienestar de la sociedad. Esta idea es falsa. Más modesto, y creo que más razonable, es pensar que los gobernantes quieren maximizar su poder para lo cual estarán dispuestos a adoptar prácticamente cualquierconjunto de medidas que crean que pueden «vender» a los electores: por ejemplo, subirles los impuestos pero alegar que son «ortodoxos» porque mantienen un determinado superávit fiscal. El que las medidas de política económica sean incompatibles entre sí -o sea, que no constituyan ningún «modelo»- y provoquen al final catástrofes es algo que a los gobernantes les preocupa relativamente poco.

    P.: ¿Existe posibilidad de freno al crecimiento económico argentino?

    C.R.B.: Creo que sí, precisamente porque no hay un modelo coherente y ya ha pasado un tiempo suficiente como para que emerjan algunas de sus consecuencias, como la presión inflacionaria.

    P.: ¿Considera acertada alguna de las medidas económicas actuales?

    C.R.B.: Al no haber modelo, sino un conjunto de medidas contradictorias cuyo objetivo no es económico sino político, no es posible identificar alguna.

    P.: ¿Por qué decidió irse a vivir a España?

    C.R.B.: Soy un exiliado de la dictadura militar. Parafraseando al humorista español Miguel Gila, que decía: «Cuando yo nací, mi madre no estaba en casa», yo nací a finales de 1976, porque vinieron a secuestrarme y no estaba en casa. Era un joven de la izquierda peronista pero no un terrorista, entonces tenía la desventaja de que ninguna organización me protegía. Por eso vine con mi familia a Madrid hace treinta años.

    P.: ¿En qué momento pasó de sus pensamientos de izquierda a sus ideas de corte liberal?

    C.R.B.: A finales de los años 70 estudié el doctorado con Pedro Schwartz en la Universidad Complutense. El había transitado hacía poco del socialismo al liberalismo y fue la persona que más me ayudó a dar los primeros pasos para alejarme del discurso único y convencional de la izquierda. El primer libro «diferente» que me recomendó lo había escrito su maestro Karl Popper: «La miseria del historicismo». Ese libro me hizo dudar de una pretensión crucial de la izquierda y una de las razones fundamentales que explica su totalitarismo: la pretensión, muestra cabal de «fatal arrogancia», como diría Hayek, de conocer las leyes de la historia.

    Entrevista de María Iglesia
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