Desató dos conflictos Néstor Kirchner al recomendar que se fije un sueldo mínimo de $ 450. Irritó, previsiblemente, a los empresarios, que no consideran saludable ofrecer más de $ 400. Temen que el impacto de los aumentos sobre actividades o regiones, cuyos salarios básicos de convenio son inferiores a esa suma, provoque quebrantos empresariales y más desempleo. Por eso la UIA pretende establecer el mínimo en $ 400 y derivar a las paritarias por empresa, actividad o zona cualquier otra mejora salarial. Pero Kirchner tampoco quedó bien con los gobernadores e intendentes, quienes no pueden sufragar esos incrementos. Menos agradó a los sindicalistas al identificarse con la suma que ellos pensaban reclamar. Los gremios de la CGT oficial creen que ahora no podrán atribuirse la conquista del aumento, que pasa a ser casi una concesión presidencial. Irritados, ahora piden más: $ 730, un monto cercano a la canasta familiar. Tienen una excusa para expandirse hasta esa cifra: el amigo del Presidente, Víctor De Gennaro, reclamó desde el primer momento ese número como mínimo. El pedido de este izquierdista estatal fue consecuencia de otro error de Kirchner. Convencido de que estaba convocando a una especie de «Diálogo Argentino» y no al Consejo del Salario, el Presidente invitó también a la CTA de De Gennaro. No supuso que desataría una competencia por aumentos de sueldos que terminará, tal vez, en la primera huelga general contra su gobierno. Sólo le juega a favor -eso creen en la Casa Rosada- la interna gremial: la intrépida Susana Rueda ya anunció anoche la ruptura de la CGT por el cupo femenino.
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El primer error lo describió Roberto Lavagna en sus confesiones de sindicato, el martes de la semana pasada (memorable almuerzo en lo de Armando Cavalieri). Allí el ministro confesó que el Presidente ignoraba que se estaba convocando a un organismo que tiene por función regular el salario mínimo e, indirectamente, la escala salarial de sectores muy amplios de la economía. «El creía que se trataba de un consejo económico social, como el 'Diálogo Argentino' que reunió Duhalde al llegar al poder». En esa creencia, quiso compensar la imagen demasiado ortodoxa y cuestionada de los «gordos» de la CGT con la transversalidad de Víctor De Gennaro.
La consecuencia de este primer error fue que el gobierno hizo sonar en la discusión salarial una voz que pediría cifras imposibles de ser satisfechas sin un brote inflacionario. En efecto, De Gennaro reclamó $ 730 de salario mínimo y agradeció de ese modo la invitación de su amigo Kirchner. Tuvo un gesto más de reconocimiento: convocó para la misma mesa al piquetero Luis D'Elía, a quien la Casa Rosada pretendía desplazar del centro de la escena desde que se abocó a la toma de una comisaría. Con estos convidados a la ronda de negociaciones que presidiría el ministro Carlos Tomada, el Presidente puso a la CGT oficial al borde de la ira. Hugo Moyano, José Luis Lingieri o Susana Rueda quedaron condenados al papel de «blandos» en la negociación salarial, en comparación con los estatales de De Gennaro, que reclamaban una cifra extrema. Aun así, los «gordos» estuvieron dispuestos a morderse los labios con un reclamo de $ 450. Todo sea para permanecer en una mesa que los había sacado del ostracismo.
Pero la equivocación de Kirchner se hizo más visible en otro plano, el de las relaciones con el sindicalismo. Los dirigentes de la CGT oficial ya estaban dispuestos a pasar por concesivos en comparación con De Gennaro. Pero ahora se los dejaba en desventaja desde la Casa Rosada, que salió a competir con ellos. Ya no tendrían derecho siquiera a decir que habían conseguido $ 100: esa conquista sería del Presidente.
No caben dudas de que Kirchner no previó el efecto de su atolondrada promesa. La CGT la repudió ayer por la tarde y decidió reclamar los $ 730 de De Gennaro. El gobierno podrá dar el aumento por decreto pero habrá instalado un conflicto con el sindicalismo que podría terminar en un paro general antes de fin de año (por primera vez se especulaba con esta posibilidad ayer entre los sindicalistas).
Kirchner rozó, en su generosa salida, otra cuerda sensible: la de los gobernadores. En muchas provincias se haría complicado cumplir con $ 450 de salario mínimo. Es cierto que los Estados del interior no están obligados a cumplir con ese nivel fijado en la Nación. Pero el establecimiento de ese piso en los sueldos sería una invitación a los sindicatos estatales del interior a pedir lo mismo para sus representados.
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