Un interesante análisis de la diferencia entre la inflación real y la oficial efectuaron los economistas Alberto Ades y Marcos Buscaglia del Citigroup. Fue en la revista «Indicadores de Coyuntura» que publica la Fundación FIEL mensualmente. Aportan datos interesantes a tener en cuenta: sin los acuerdos de precios la inflación este año hubiera sido de 13,4% (asumiendo congelamiento de tarifas) y que con precios absolutamente desregulados sería de 16,4%. Estos son los puntos salientes del artículo.
Hasta que la Argentina hiciera efectivos los acuerdos de precios a fines de 2005, las mediciones de los precios del INDEC (el IPC) y de los precios del Big Mac en moneda local estaban correlacionados. Por ejemplo: hasta junio del año pasado, el nivel de correlación era de 97%.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Los aumentos en el Big Mac (obviamente no están bajo acuerdo) son compatibles con la evolución de los costos laborales: los salarios promedio del sector formal se incrementaron 48% desde diciembre 2004. Los competidores de este producto también aumentaron sus precios, según datos del INDEC: «cena fuera del hogar» creció 108% desde diciembre de 2001.
El ritmo de suba de precios se ha acelerado por los aumentos salariales y una mayor demanda doméstica. Nuestro ejercicio muestra que las distorsiones están aumentando. La inflación hubiese sido 10% mayor de no existir controles tarifarios. Es más, si se liberaran los precios del transporte público, serían 85% superiores a los actuales; el IPC de junio de 2006 habría sido 16,5% mayor si no existieran controles tarifarios ni acuerdos de precios. La brecha entre IPC oficial y el IPC con precios libres era de sólo 10% en 2004. Cabe aclarar que no hemos considerado los efectos secundarios en los cálculos, por lo tanto es factible que haya subestimaciones de las distorsiones reales (por ejemplo, un aumento en los precios de la energía se trasladará a los consumidores y por ende a las demandas salariales).
Los subsidios públicos, las menores ganancias y el menor nivel de inversión son las que soportan los costos asociados a la brecha entre la inflación «real» y la «oficial». Aplicando el modelo para estimar la inflación, vemos un 13,4% como mínimo sin los acuerdos de precios para 2006 y 11,6% en 2007, pero asumiendo que continúa el congelamiento de las tarifas de servicios públicos y energía.Con precios absolutamente desregulados la inflación llegaría a 16,4% y 14% respectivamente.
La actual estructura de precios contenidos intensificará las restricciones de oferta y será insostenible en el mediano plazo. Ante este panorama, el gobierno tiene 3 alternativas de política para enfrentar las crecientes distorsiones: 1) hacer más de lo mismo hasta las elecciones, complementándolo con apreciaciones del peso y con leves ajustes en los precios regulados; 2) desregular los precios repentinamente, lo que implicaría un aumento de 17% en el IPC de julio de 2006 sin considerar los efectos secundarios y 3) eliminar los acuerdos de precios, permitir la apreciación del peso y reducir el gasto público. Esta última sería la solución óptima, logrando una moneda más fuerte que reduzca las presiones inflacionarias y el gasto público, para compensar los menores ingresos por retenciones al apreciarse el peso.