Bruselas (Reuters) - El presidente del Grupo Euro, Jean-Claude Juncker, intentó ayer mejorar el diálogo con el director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, después de criticarlo y pedir un contrapeso político en la zona euro frente al «ultrapoderoso» Banco Central Europeo (BCE).
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Strauss-Kahn, un ex ministro de Finanzas que condujo el ingreso de Francia al euro, agitó las aguas el lunes después de que fue citado diciendo que el área de la moneda común europea necesita un líder político para contrarrestar al BCE y fomentar el crecimiento económico.
El comisario de Asuntos Monetarios de la UE, Joaquín Almunia; y el ministro holandés de Finanzas, Wouter Bos, respondieron diciendo que el BCE independiente está haciendo un trabajo delicado que respeta su mandato de combatir la inflación.
Los comentarios más duros fueron hechos por Jean-Claude Juncker, quien dirige el Grupo Euro, un foro de ministros de Finanzas de la zona euro.
El lunes acusó a Strauss-Kahn de ser inconsistente con las posiciones que había tomado durante su mandato como ministro de Finanzas, de 1997 a 1999.
Amistoso
Pero un día después, Juncker adoptó un tono claramente más amistoso, cuando dijo que las cosas se habían aclarado.
«He hablado con él (Strauss-Kahn) y dejó claro perfectamente su posición», dijo a los periodistas mientras entraba a un encuentro de ministros de Finanzas de la UE.
«El de ninguna manera quiere atacar al BCE. Lo que quiso decir es que tendría que haber (...) una mejor coordinación, y que el presidente del Grupo Euro debería tener más poder con respecto a la coordinación», agregó.
Si bien la opinión de Strauss-Kahn podrá haber contrariado inicialmente a Juncker y a otros, sería difícil acusarlo de inconsistente.
Strauss-Kahn era el ministro de Finanzas francés cuando Francia y Alemania presionaron para la creación de un foro especial de la zona euro para que los ministros de Finanzas conversaran sobre las políticas. París y Berlín lo lograron, y ese foro es el actual Grupo Euro.
Entonces, algunos sospechaban que la idea de crear un grupo núcleo de países de la UE que comparten la moneda pudiera ser algo como una iniciativa francesa para limitar los poderes del BCE. Gran parte de esa sospecha provino de países que decidieron no entrar al área del euro, como Gran Bretaña.