Como el control y la habilitación de los locales que venden bebidas depende de los municipios, Solá buscó el guiño de los jefes comunales del Gran Buenos Aires para darle el empujón final a su plan. En concreto, la intención de multiplicar la presión fiscal sobre el alcohol tiene dos ejes: por un lado, imponer un canon especial a los comercios y, por otro,
Pero, aclaran en La Plata, el objetivo no es tributario -para recaudar más- sino de «control social»: para dificultar la proliferación de comercios dedicados a la venta de alcohol. Como un rezo, Solá repite que es inconcebible que
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