28 de marzo 2005 - 00:00

"Terminó la luna de miel de crecer a dos dígitos"

Carlos Rodríguez
Carlos Rodríguez
Carlos Rodríguez, rector del CEMA, cree que se terminó la época de crecer por encima de 10 por ciento, porque el mundo cambió cuando subieron las tasas de Estados Unidos.

Para el economista, ahora que se salió del default, hay que demostrar si se quieren mantener las reformas de los '90 o cambiarlas.

Cree que no es necesario arreglar con el FMI, pero no hay que dejar de pagarle. « Kirchner no necesita del Fondo», porque no le interesa salir al mundo a tomar dinero.

Este fue el diálogo con Rodríguez:

Periodista:
¿Cree que 2005 también será un año positivo para la economía?

Carlos Rodríguez: Tenemos que entender que venimos mal acostumbrados, observando períodos de alto crecimiento. Lo que hay que esperar es que los indicadores macroeconómicos empiecen a aminorar su incremento a un dígito, lo que es más normal. Ahora, la pregunta que habría que hacerse es: ¿por qué crece hoy la economía?


P.:
¿Y por qué cree usted que se dan los niveles de crecimiento actuales?

C.R.: La economía de la Argentina suele moverse por la inyección que genera una devaluación, por un default, por cambios en las tasas de interés, etc. Pero ninguna de estas motivaciones duran mucho tiempo ni pueden sostener un modelo. Lo único que puede lograr esto son las reformas institucionales y estructurales, lo que no se da actualmente.

P.:
Usted mencionó algunos factores que impulsaron el crecimiento en los últimos años. ¿Se mantiene esa situación?

C.R.: Hay un factor que se está revirtiendo. La tasa de interés en los Estados Unidos está creciendo, lo que, además de cambiar el panorama mundial, provocará modificaciones en los precios de algunos commodities. Si bien no se puede predecir un caos, sí se puede decir que la luna de miel de crecimiento de dos dígitos terminó y que se deberá mostrar con verdaderas cartas cómo se piensa manejar la economía. Terminó el modelo del default. Ahora se sabrá si se quieren mantener las reformas de los '90 o cambiarlas.


P.:
¿Cómo ve la relación con el FMI?

C.R.: Mi impresión es que Roberto Lavagna fue al Fondo buscando respuestas, y allí le dieron una palmada en la espalda y le dijeron que vuelva otro día. Lo que pasa es que tanto el gobierno argentino como el Fondo deben darse cuenta de que en realidad, y por lo que ambos piensan del otro, no puede haber un acuerdo de largo plazo.


P.:
¿Qué es lo que lo impide?

C.R.: El FMI firmaría un acuerdo, pero reclama reformas estructurales que el gobierno no estaría dispuesto a aceptar. Además, ¿por qué se necesita al Fondo? Simplemente, porque un país quiere estar dentro de los mercados internacionales y requiere que el FMI se convierta en su auditor, sin cuya intervención no se puede generar la confianza necesaria para actuar dentro del mundo. Esta situación no le interesa al gobierno.


• Convencimiento

P.: ¿Qué actitud debe tomar entonces la Argentina con el FMI?

C.R.: Ir amortizando la deuda como hasta ahora. Aproximadamente se está hablando, sumando a todos los organismos financieros internacionales, de pagos por 7.000 millones de dólares en los próximos tres años, dinero que puede salir de las reservas. Esta situación se debe mantener, además, hasta que asuma un gobierno nuevo que esté mentalmente preparado para firmar y cumplir un acuerdo en serio con el FMI. No estoy hablando de romper con el Fondo, si no ir cancelando deuda. Por lo menos hasta que estemos convencidos de la necesidad de un acuerdo. El Fondo y sus acuerdos sirven cuando se quieren apoyar cambios estructurales de mercado y si Kirchner no los quiere, no hay que engañar a nadie.


P.: Sinceramente, ¿el país está en condiciones de perder esa cantidad de reservas?

C.R.: El dinero para afrontar el gasto existe hoy y si sigue como reservas, corremosel riesgo de que los políticos lo gasten. Por eso es mejor que lo tenga el FMI. Está en mejores manos. No es plata perdida. Es una posición parecida a la de Néstor Kirchner, que antes que tener la plata de Santa Cruz depositada en el Central, prefiere mantenerla en un banco de Luxemburgo. El gobierno está demostrando cierta flexibilidad más allá de algún impulso populista, que nunca abandona. Pero por cómo manejó el proceso de canje, el gobierno demostró ser de un justicialismo ortodoxo. Hizo lo que se esperaba de un gobierno de este tipo. Dijo que se pagaría 7% y se pagó más de 33%. Le pagó puntualmente al FMI, no avanzó sobre las empresas privatizadas, sigue la institucionalización del Mercosur y todavía se pueden comprar autos importados. Esto quiere decir que con alguna salvedad estamos en una economía abierta y de mercado.


P.:
¿Qué es lo criticable de la gestión económica?

C.R.: Que se está destruyendo lentamente el mercado laboral. Por ejemplo, aumentando los aportes patronales encareciendo el mercado laboral. Otra cuestión es la doble indemnización, que lo que provoca es que los jóvenes no consigan trabajo, que los viejos se enfermen porque trabajan el doble, que aumente el ausentismo y que haya muchos que hacen las cosas mal a propósito para que los echen. Es una idea medieval la de pensar que las empresas van a contratar trabajadores a cualquier costo. Hay algo más: la Argentina necesita unos 500.000 ejecutivos bien pagos para que conduzcan la recuperación estructural de la economía; y, en lugar de esto, desde el gobierno se impulsa un nuevo impuesto para este sector (se eliminó el tope al pago de aportes). Todo esto, junto con aumentos salariales por decreto, elimina el rol de los privados en el mercado laboral.


P.:
Quizá sea una forma de mantener tranquila la relación con los sindicatos...

C.R.: Es que no es así. El gobierno toma esta actitud dentro del mercado laboral porque cree que es lo que hay que hacer. Carlos Menem, en sus últimos años de gestión, suspendió las reformas porque quería quedar bien con los sindicatos. El gobierno actúa así porque cree que está haciendo lo correcto.


P.:
Este gobierno tiene un nivel de superávit fiscal récord. No puede negar que es un resultado positivo.

C.R.: Hay recaudación récord por la existencia de impuestos distorsivos y porque no se les permitió a las empresas aplicar los ajustes por inflación en Ganancias. Lo meritorio es que no se haya patinado ese dinero.Aquí Lavagna es conservador.


P.:
¿Qué tan preocupante es el alza de precios?

C.R.: No estamos ante una híper ni nada por el estilo. El aumento es por los precios relativos, y por ahora se mantiene dentro de 10% anual, lo cual es manejable mientras además haya superávit fiscal. Si queremos sostener un dólar alto o si queremos aumentos salariales, tenemos que soportar la inflación actual.


P.:
¿Los inversores pueden interpretar que Kirchner va más allá y que lanza a la calle fuerzas de choque?

C.R.: Todo tiene su límite. La verborragia y los ataques de Cavallo nos llevaron a la ruina. Los ataques de Kirchner por ahora son anécdotas, pero pueden convertirse en algo más peligroso. La violencia y el inventar enemigos para aumentar el poder no es una creación de Kirchner, sino que es una estrategia que existe desde que comenzó la humanidad. El problema es que nadie sabe cómo puede terminar algo así. En un momento, varias minorías atacadas pueden transformarse en una mayoría saturada de los agravios. Sobre el canje yo dije que debía pagarse 30%, y el gobierno pagó 33%. Espero que me agradezca el consejo. Pero además, José Luis Machinea me dijo payaso, y Cavallo, traidor a la patria. En comparación, las embestidas de Kirchner no están tan mal.

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