De esta manera se formó la Administración de la Deuda Pública Otomana. Su consejo administrativo se integró con tenedores de bonos de Gran Bretaña, Holanda, Francia, Alemania, Austria-Hungría e Italia. La administración tuvo éxito en el manejo de las finanzas otomanas, en el cobro de impuestos y en la cancelación de la deuda al controlar eficientemente el déficit y al asegurar los pagos bajo la misma. El resultado del buen manejo fiscal y administrativo fue la recuperación de la confianza internacional en el imperio, lo que permitió la vuelta de las inversiones y los préstamos extranjeros.
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