Muy aplaudido el domingo por los 184 representantes de los países miembros del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional durante la reunión anual de ambas instituciones financieras, Wolfensohn pronunció algo muy parecido a un discurso de despedida. «El peligro que nos acecha, que está entre nuestras preocupaciones inmediatas, es la amenaza terrorista, y perdemos de vista el largo plazo y las causas igualmente urgentes de nuestra inseguridad mundial:
Para los países pobres, la seguridad «no es un asunto de barreras de hormigón y de fuerzas armadas. Para ellos, se trata de tener la oportunidad de escapar de la pobreza», dijo.
Destapado, Wolfensohn se animó a reprender con acidez a las delegaciones de países desarrollados. «Habitualmente, llegamos a la conclusión de que no hemos logrado nuestros objetivos. Distribuimos culpas y elogios y partimos hasta dentro de cinco años», se lamentó.
Su continuación al frente del BM por un nuevo mandato depende en buena medida del resultado de la elección presidencial estadounidense del 2 de noviembre.