¿Qué hay abajo para que no mires? No importa. Lo bueno es mirar la pantalla, donde Antonella Costa luce a pleno, pero no sólo eso, sino también donde Eliseo Subiela luce de nuevo su poesía cinematográfica, y su retórica. Esta última puede cansar un poco, igual que cierto didactismo por parte del personaje femenino, pero, en cambio, la poesía nos ofrece párrafos dignos de aprecio. El padre del protagonista ha muerto. Cada tanto aparece de lejos, o deja algún mensaje escrito. De a poco se va yendo. «Al atardecer los muertos salen a tomar el fresco en la vereda del cementerio. El protagonista tiene la envidiable suerte del debutante, porque, como su personaje se vuelve sonámbulo, y es verano, y esto es una película, sale a vagar por las terrazas y se cae justo en la cama de una chica preciosa, experta en sexo tántrico, encarnada muy generosamente por Antonella Costa. P.S.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario