26 de noviembre 2008 - 00:00

Admirable recuperación de un melodrama de 1929

La estupendaCarolina Tisera yMartín Urbaneja,parte del excelenteelenco de «Lasdescentradas», obracon reminiscenciasfeministas deSalvadora MedinaOnrubia, másrecordada por suanticonvencionalismoque como por sudramaturgia.
La estupenda Carolina Tisera y Martín Urbaneja, parte del excelente elenco de «Las descentradas», obra con reminiscencias feministas de Salvadora Medina Onrubia, más recordada por su anticonvencionalismo que como por su dramaturgia.
«Las descentradas» de S.Medina Onrubia. Versión y Dir.: A.Canale. Int.: C.Tisera, S.Katz, M.Urbaneja y otros. (Puerta Roja)

Si ya es toda una curiosidad encontrar en el circuito alternativo -siempre más afecto al teatro experimental- una pieza de 1929 que reúne todas las condiciones para ser exhibida en cualquier teatro oficial, aún más admirable es la rigurosidad, buen gusto y esmero con que fue llevado a escena este melodrama de reminiscencias feministas.

Salvadora Medina Onrubia es más conocida en el ambiente teatral por haber sido la abuela de Copi (el autor de «Una visita inoportuna» y «Cachafaz» entre otros títulos) que por sus propios méritos como dramaturga. En 1915 se casó con el influyente director del diario «Crítica» Natalio Botana, con quien tuvo tres hijos y marcadas diferencias ideológicas. Por sus convicciones anarquistas fue apodada «la Venus Roja» y como siempre vivió en abierta rebeldía hacia las convenciones sociales, pasó lo que no tenía que pasar: su obra literaria terminó siendo ignorada.

Quien esté al tanto de su biografía, seguramente verá reflejados varios rasgos de su personalidad en Elvira, la sofisticada heroína de «Las descentradas» y en su amiga Gloria, que además es escritora.

Pese a que la trama tiene mucho de folletín romántico y refiere a una época en la que los derechos de la mujer estaban muy relegados, hay algo muy actual en el inconformismo de estas damas rebeldes que luchan por concretar sus ideales sin saber muy bien cómo, dónde ni con quién. Con una ambientación muy cuidada y actuaciones que recuperan ciertos gestos y expresiones de época, pero desde una perspectiva contemporánea, la puesta de Adrián Canale ofrece momentos de gran verosimilitud. El buen manejo de la intriga y de las pasiones en juego, la naturalidad con la que fluyen los diálogos (aún los más intelectuales), contribuyen a enriquecer este material.

La antológica interpretación de Carolina Tisera le aporta al personaje misterio y complejidad. La intérprete no sólo explota al máximo su paleta de emociones, también hace uso de un humor sarcástico y desencantado que hiere tanto como fascina porque detrás se oculta un espíritu inquieto que busca su lugar en el mundo con desesperación.

También se distinguen: Martín Urbaneja como Juan Carlos, un inteligente y ambicioso periodista que se convierte en amante de la protagonista tras un fallido intento de amistad, y Paula Jmelnitzky, en el papel de Gracia, la bella noviecita oficial de Juan Carlos, a quien Elvira no se atreverá a traicionar en honor a la amistad que las une.

Mención aparte para Silvina Katz (madre de Gracia) brillante en cada una de sus intervenciones.

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