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Agita la campaña en Egipto la condena perpetua a Mubarak
Manifestantes participan ayer, en la plaza Tahrir de El Cairo, de las manifestaciones contra el Gobierno militar, al que consideran aliado de los herederos de Hosni Mubarak.
A dos semanas de las presidenciales, los egipcios han visto cómo la absolución el sábado de los dos hijos de Mubarak, acusados de corrupción, y de seis exaltos mandos del Ministerio del Interior, por su implicación en la matanza de manifestantes, complica el panorama ante las elecciones.
La condena a cadena perpetua de Mubarak y del exministro del Interior Habib al Adli no calmó los ánimos de los manifestantes, ante su creciente sensación de que ni este proceso fue justo ni la primera vuelta de los comicios, en la que Shafiq quedó segundo, limpia.
En la emblemática plaza cairota de Tahrir, las consignas contra el fallo se mezclaron ayer con los lemas contra Shafiq, último primer ministro de Mubarak, y contra la Junta Militar que dirige de forma provisional el país.
«Shafiq tendría que estar en la cárcel y no compitiendo por la presidencia. Si estamos aquí es para evitar la restauración del antiguo régimen», aseguró en Tahrir el estudiante de medicina Ali Amin.
Para Amin, que acudió el sábado a la plaza no bien se conoció la sentencia, es importante que Egipto se mantenga unido con el objetivo de reconducir la revolución.
A las manifestaciones convocaron los grupos de jóvenes revolucionarios y varias fuerzas políticas, entre ellas la Hermandad Musulmana, cuyo candidato a las presidenciales, Mohamed Mursi, se enfrentará a Shafiq en la segunda ronda, los próximos días 16 y 17.
Mursi aprovechó el sábado para darse un baño de multitudes en Tahrir y sacar rédito de la actual situación con el fin de aglutinar en su persona el voto de los contrarios al antiguo régimen.
Ante esta estrategia, Shafiq puso ayer sobre la mesa sus armas de persuasión azuzando el miedo de muchos a los Hermanos Musulmanes y su proyecto islamista.
«Yo represento el avance, los Hermanos representan el retroceso, yo represento la transparencia, los Hermanos representan la oscuridad y el secretismo», subrayó el exprimer ministro en una conferencia de prensa en El Cairo.
Shafiq también señaló que mientras él apuesta por «el diálogo y la reconciliación», el grupo islamista busca «venganza» y quiere un país «religioso sectario».
El candidato presidencial subrayó que no quiere «reproducir el antiguo régimen» e instó a no utilizar el fallo contra Mubarak «con objetivos electorales».
En cuanto a la polémica sentencia, la Fiscalía General egipcia anunció ayer que va a apelar la absolución de los seis altos cargos del Ministerio del Interior y pidió que se mantenga la prohibición de salir del país dictada contra ellos en febrero de 2011, poco después de la renuncia de Mubarak.
A ese respecto, una frase escrita ayer con piedras y arena en el suelo de Tahrir rezaba: «La primera demanda de los revolucionarios es que el piloto bastardo (Mubarak) sea ejecutado y la segunda que lo sean sus hijos Alaa y Gamal».
Con los accesos cortados al tráfico por vallas y alambradas, banderas de Egipto y fotografías de los mártires de la revolución, la plaza recuperó en cierto modo el espíritu de los 18 días de protestas y de las manifestaciones convocadas durante la convulsa transición.
También volvieron a cocinarse algunas ideas que ya surgieron durante la revolución, como la formación de un consejo presidencial transitorio encabezado por personalidades como los excandidatos Hamdin Sabahi y Abdelmoneim Abul Futuh.
Las prioridades en estos momentos para Hala Sami, una mujer de unos 40 años, son la creación de este consejo, la redacción de una nueva Constitución y «la celebración de elecciones libres con candidatos de verdad y no títeres».
«Hubo fraude en los comicios», aseguró Sami, quien no apoya ni a Shafiq ni a Mursi, porque rechaza tanto «un régimen militar como uno islamista». Para esta mujer, el fallo contra Mubarak fue el detonante de una nueva ola de descontento por el fracaso en hacer justicia a los mártires de la revolución y los temores a que los altos cargos del antiguo régimen se librarán de un castigo real.
Agencia EFE


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