16 de julio 2012 - 00:00

Alberto Favero sin barreras recrea a Leonard Bernstein

Alberto Favero, con Marcelo Mayor (guitarra), Arturo Puertas (contrabajo) y Quintino Cinalli (batería).
Alberto Favero, con Marcelo Mayor (guitarra), Arturo Puertas (contrabajo) y Quintino Cinalli (batería).
«West Side Story» de Leonard Bernstein. Actuación de Alberto Favero (piano, arreglos, dirección). Con Marcelo Mayor (guitarra), Arturo Puertas (contrabajo) y Quintino Cinalli (batería). (Clásica y Moderna, todos los sábados).

Si uno piensa en Alberto Favero lo relaciona inmediatamente con la música. Y es lógico, porque a lo largo de su vida ha compuesto una gran cantidad de obras de diversos estilos, ha sido un fecundo creador de canciones, ha tocado el piano y el saxo en muchas formaciones, ha participado en grupos de jazz y ha dirigido orquestas para muchos espectáculos. Sin embargo, deberíamos pensarlo también como un dramaturgo, si tomamos en cuenta que toda su vida musical ha estado signada por lo teatral, por la palabra puesta en melodía, por el contenido dramático sobrevolando todo lo que hace. Y su flamante relectura de «West Side Story» -que promete próximo álbum en vivo- no es la excepción.

Tal como había hecho hace unos años con «Porgy and Bess» de Gershwin, en este caso Favero tomó la mítica creación de Leonard Bernstein que fue primero pieza de escena en Broadway y luego una muy popular película que en Hispanoamérica conocimos como «Amor sin barreras». Siempre es difícil poner un relato en música sin apelar a las palabras. Para el caso, en esta puesta de Clásica y Moderna, no hay cantante, ni escenografía, ni actores ni representación teatral. Lo que sí hay es un artista que estudió profundamente el contenido y el desarrollo de la obra -una visión siglo XX del «Romeo y Julieta» de Shakespeare llevada a las calles de Nueva York- y lo hace sonar. Favero comienza cada una de las dos partes de su recital con el relato de la historia, con el lugar que ocupa cada música y cada canción en la trama del film, con la descripción de la encarnizada pelea entre las familias Jets y Sharks y el amor -aquí con un final trágico aunque algo diferente del de Shakespeare- entre María y Tony. Con eso, el músico logra introducir al público y llevarlo luego con la música atrapado en esa historia de amores y odios.

Técnica

En lo estrictamente técnico, Favero optó por un estilo jazzístico que sin embargo jamás abandona el de la comedia musical neoyorquina. Así, las canciones pueden tener sus momentos solistas, sus improvisaciones instrumentales o sus relecturas armónicas y tímbricas respecto del original para orquesta sinfónica. Para eso, más allá del minucioso y muy logrado trabajo de arreglos hecho para once de los quince cuadros sonoros de la obra, cuenta con su enorme capacidad como pianista, que sorprende aún a quienes ya lo conocen por su producción anterior. Y a él se sumaron tres compañeros excelentes que van repartiéndose la admiración del público a medida que transcurre el concierto: Arturo Puertas en el contrabajo, Marcelo Mayor en la guitarra y Quintino Cinalli, especialmente destacado en los momentos de percusión latina.

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