5 de octubre 2012 - 00:00

Alerta roja para el mercado de videojuegos

Hasta hace poco, la industria de los videojuegos estaba entre las más fuertes entre todos los negocios digitales, con millones de consumidores dedicados fanáticamente a la compra de consolas cada vez más costosas y sofisticadas. En los últimos años se vendieron mas de 200 millones de aparatos de última generación como el sistema Wii, el Xbox 360 y, sobre todo, el PlayStation 3, y también hubo grandes ventas de máquinas portables de videojuegos. Para dar un ejemplo contundente, basta con los 12 millones de suscriptores online de un juego como «World of Warcraft», a un costo de 15 dólares mensuales cada uno. Se suponía que el gran negocio iba a ser el nuevo sistema de movimientos sensibles de Windows Kinect, diseñado para liberar a los jugadores de tener que apretar botones. Pero, luego de que en 2010 la industria del videojuego llegara a su punto culminante de mayores ventas, empezó la caída. El año pasado ya se notó una declinación de casi 10 por ciento en la venta de consolas, al igual que en todos los rubros de la industria del videogame en general, pero en los primeros ocho meses de este año la caída se volvió mucho más grave, con 20 por ciento menos de ventas en relación al mismo período durante el año pasado, lo que lleva a pensar que este 2012 será el peor en la historia de este mercado. Los números indican que descenderá al al nivel de ventas de 2005.

Los analistas entienden que el primer factor para esta declinación es la recesión que afectó a los Estados Unidos, que golpeó especialmente al grupo de los adultos jóvenes que componen el mayor grupo de consumidores de las consolas más sofisticadas y costosas.

Pero también hay otro factor y es la disponibilidad de juegos más elementales pero entretenidos diseñados para bajar gratuitamente y destinados a los smartphones, con algunos convertidos en juegos masivos como los Angry Birds, Doodle o «Words with Friends». Todos suelen venir gratuitamente con la compra de un teléfono o, si en su defecto, por el costo de unos pocos centavos, lo que convierte de algún modo a los sofisticados videojuegos que alguna vez fueron declarados la nueva forma de arte del siglo XXI (concepto algo pomposo pero sostenido por la riqueza gráfica de algunos de los mejores juegos) en algo que tal vez se equipare al género de las viejas colecciones de CDs que ya cada vez tiene menos gente, cambiada por música bajada de internet. Al menos esto podría suceder si la industria del videogame no se adapta a la crisis y a las nuevas posibilidades surgidas de los smartphones.

Diego Curubeto

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