27 de septiembre 2016 - 00:00

All Blacks, producto nacional

Los All Blacks tienen bastante más que un aura de invencibilidad. Los números los avalan. Revisemos.

Desde su primer internacional en 1903 a la fecha Nueva Zelanda jugó 545 tests, ganó 420 y empató 19, lo que le da un promedio de éxito del 78,8% (y tan sólo 19,4% de derrotas). Tomando desde que el rugby se hizo profesional -para Nueva Zelanda en 1996- los All Blacks jugaron 262 tests, ganaron 228 y empataron otros cuatro. Allí sube el porcentaje de suceso a 84,7% y el de derrotas disminuye a un 14,5%.

Veamos como les fue en el milenio: son números semejantes: jugaron 209, ganaron 179 y tres fueron empates, para un 86,3% de éxito. Esas 27 derrotas le significan tan sólo un 12,9%.

Como si fuera poco, el último milenio fue por demás generoso desde la estadística, ya que llevan jugados 87 partidos de los cuales seis fueron derrotas, dos empates y 79 triunfos. Nueve

de cada diez partidos los gana-ron (91,9%, y 6,8% de derrotas).

Así como sorprenden e impresionan estas estadísticas, están sustentadas en lo que es un equipo único en el deporte mundial.

No existe en ningún otro deporte un grado de dominio sostenido a lo largo del tiempo tan contundente como el de Nueva Zelanda. Esto, viniendo de un país pequeño, de tan sólo cuatro millones y medio de habitantes, sorprende aún más.

Más que un equipo, los All Blacks son un producto nacional. En ese contexto, los All Blacks son semi-dioses.

La importancia que tiene el rugby y cómo define a los neozelandeses no se repite en otros países de sólida raigambre de rugby. Si bien el fútbol tiene una llegada global que lo pone por encima de cualquier otra actividad o el cricket, por lo que genera en países multitudinarios es el segundo deporte en cantidad de seguidores, lo del rugby neozelandés es inigualable.

Llegaron a Buenos Aires el viernes para recuperarse bien del pegajoso cambio de horario y si uno analiza su itinerario no es mucho lo que entrenan, es afinar algo que ya saben hacer.

Para quien no conoce o entiende cómo es el funcionamiento interno de los All Blacks, daría la impresión de que están constantemente relajados. Lejos de eso. De hecho, ayer el cuerpo técnico ya hablaba de la preocupación que les generaban Los Pumas para el partido del sábado en Vélez Sarsfield.

Hoy las diferencias entre uno y otro equipo están representadas por lo que fue el partido del Mundial 2015 en Wembley hace un año y lo que pasó en Hamilton hace 18 días. Los Pumas tienen que tener el mejor partido de la historia y en contrapartida los All Blacks el peor de esos 113 años de orgullosa historia para que el sueño de finalmente derrotarlos sea posible.

El único partido en que Los Pumas no perdieron fue el empate en 21 en 1985 -aquella vez, el pateador neozelandés erró demasiados kicks, permitiéndole al equipo de Hugo Porta estar a segundos y centímetros del triunfo.

Jugar contra los All Blacks es jugar contra la estadística, el buen juego, la historia, la tradición, el detalle, la magia. Enfrentar a los All Blacks, lo dicen los jugadores, es un gran orgullo más allá de que sea casi imposible ganarles.

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