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Alto seguimiento y masividad callejera en el paro a Rajoy
Los sindicatos y el Gobierno presentaron cifras opuestas sobre las movilizaciones, pero la masividad resultó evidente, por ejemplo, en la Puerta del Sol. Abajo, una empleada de un local de McDonald’s en Madrid, bajo presión de los huelguistas, continúa en su puesto laboral.
Alentados por la masividad de las protestas, los sindicatos amenazaron con escalar en sus medidas de fuerza si las autoridades no corrigen el rumbo en un mes. Sin embargo, el Gobierno minimizó el impacto del paro y respondió que las medidas económicas, en particular la resistida reforma laboral, son «imparables».
Al cabo de una jornada que paralizó a fábricas, puertos y el transporte público de punta a punta, el Gobierno detalló que los enfrentamientos en distintas ciudades dejaron al menos 116 heridos, entre ellos 70 policías, y que un total de 800.000 personas respondieron al llamado a manifestarse en todas las ciudades del país.
Como contrapartida, los convocantes evaluaron que hubo 900.000 personas sólo en Madrid y 800.000 más en Barcelona, y que la huelga general alcanzó una adhesión del 77%, con una participación especialmente elevada en la industria, la construcción, el sector automotor y el transporte.
Como dato ilustrativo del impacto de la huelga, el consumo de electricidad cayó un 48% debido a la medida de fuerza, informó el diario El País en su edición digital.
El paro fue el primero contra el Gobierno de Rajoy -que ayer cumplió cien días-, y su eje central fue el rechazo total a los ajustes exigidos por el FMI y la Unión Europea (UE).
El mandatario afirma que el ajuste es indispensable para evitar una profundización de la crisis, pero los sindicatos sostienen que las medidas de austeridad sólo agravarán aún más el estancamiento de la economía y sus consecuencias sociales: un desempleo del 22,9% (48,6% entre los menores de 25 años), el mayor de la eurozona, y una pobreza creciente. A pesar del carácter indudablemente multitudinario de las protestas, la ministra de Empleo, Fátima Báñez, afirmó que la reforma laboral que facilita y abarata los despidos es «imparable».
En total, los sindicatos organizaron marchas de protesta en más de 100 ciudades, desde Andalucía, en el sur, a Galicia y Cataluña, en el norte, y a la oriental Valencia.
En algunas ciudades hubo disturbios, pero ninguno tan grave como los de Barcelona, donde huelguistas y policías libraron una verdadera batalla campal que terminó con quema de tachos de basura y roturas de vidrieras de entidades bancarias y negocios en el centro de la ciudad. Los incidentes comenzaron cuando la Policía cargó sobre miles de manifestantes cerca de la céntrica plaza Catalunya, según constataron testigos.
Al grito de «El pueblo unido, jamás será vencido», manifestantes respondieron a la carga policial incendiando una barricada y lanzado botellas y bombas de pintura contra los agentes, que respondió con gases lacrimógenos y balas de goma.
El Gobierno regional catalán indicó que al menos 45 personas fueron detenidas. En varias ciudades hubo altercados cuando los manifestantes entraban a locales comerciales o empresas a instar a los que no se plegaban a la huelga a que lo hagan.
En Madrid, el epicentro de la protesta fue la emblemática Puerta del Sol, y en la hora pico de la concentración las banderas rojas de las dos centrales sindicales convocantes, Comisiones Obreras (CC.OO., excomunista) y Unión General de Trabajadores (UGT, socialista), se multiplicaron por miles. Una marea humana se movilizó bajo carteles con frases como «Sin pan, sin paz», «Techo y trabajo, sin ser esclavo» o «El Gobierno nos ataca». «Estamos viendo cómo están haciendo cada vez más recortes en educación, en sanidad, y nos preocupa. No queremos tener servicios públicos peores que los que han tenido nuestros padres», dijo Ainoa Areitza, una estudiante de 17 años.
«Los trabajadores han utilizado su derecho para expresar un rechazo rotundo a la reforma laboral de Rajoy», afirmó el secretario general de UGT, Cándido Méndez, que encabezó la marcha sindical junto al líder de CC.OO., Ignacio Fernández Toxo. La huelga fue convocada para ser secundada por casi 15 millones de asalariados y lo hicieron ocho de cada diez, remarcaron los sindicatos.
El Gobierno, por su parte, respondió que el seguimiento fue escaso y «claramente inferior» al que tuvo la anterior huelga general, organizada en septiembre de 2010 contra la reforma laboral del Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero.»El impacto de la huelga ha sido muy moderado», dijo la directora general de Política Interior, Cristina Díaz. El sector empresarial, en tanto, calificó la huelga de «eminentemente política» y denunció que la protesta sindical «daña los intereses económicos de España y su imagen internacional».
Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA; y Ámbito Financiero

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