El sentimiento amoroso se desliza a veces hacia zonas inesperadas, un auto, un libro, una casa, otro que no es otro real, un fantasma, un producto de la fantasía. A Coetzee la cuestión de amor y las posesiones le plantea una exploración que atraviesa los cuentos "Una casa en España", "Nietverloren" y "Él y su hombre". En "Una casa en España", un escritor que compra una vieja casa en el extranjero, en un lugar apartado, va comprendiendo el porqué de su amor "matrimonial" por esa vivienda. Y consigue hacer un cuento de lo que para Gastón Bachelard era la teoría de que "la casa es la topografía de nuestro ser íntimo", "el lugar donde el ser encuentra su albergue". En "Nietverloren", el sentimiento amoroso se desplaza a un terreno perdido, la nostalgia de un paraíso rural convertido en territorio de la especulación inmobiliaria, es "la amargura del amor vencido", el lugar en que el turismo ha impulsado a que los pobladores piensen con rabia que se han vuelto "los camareros y las putas del resto del mundo". Al recibir el Premio Nobel, Coetzee, sigiloso transgresor, en lugar de la conferencia tradicional, leyó el relato "Él y su hombre", donde Robinson Crusoe, luego de su regreso a Gran Bretaña, cuenta de su relación con Daniel Defoe, relación distante basada en informes, pero amorosa como, se pregunta, amo y esclavo, hermanos, camaradas de armas, enemigos, adversarios. Coetzee, que revisó la historia de Crusoe en su obra maestra "Foe" (verdadero apellido de Defoe), vuelve a visitar al "padre de la novelística inglesa" para desmantelar la relación entre creador y creación, matrimonio oculto en toda ficción. Una vez más el genio de Coetzee contagia una sensibilidad que abre, amplía, enriquece nuestro modo de ver el mundo.
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