Argentinos, fiel a su estilo

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La gloria estaba a 90 minutos y eso hizo que no fuera un partido común para Argentinos Juniors. Más allá de la tranquilidad que transmitía Borghi desde el banco, el equipo no lograba hilvanar la jugada de gol que necesitaba para tranquilizarse.

Enfrente, un Huracán muy motivado para ser el «aguafiestas» y trabajado para jugar de contraataque, aunque con poco poder de fuego en un Balvorín que duró apenas 45 minutos, pero fue como si no hubiera jugado. Argentinos presionó desde la dupla de los «pacmans» que forman Ortigoza y Mercier, y buscó con un movedizo Ismael Sosa, que encontró en el arquero Monzón un rival infranqueable.

El gol llegó desde un córner y con un cabezazo de Mercier que no le dio chances al arquero, y a partir de allí empezó otro partido.

Huracán salió a buscar el empate con más amor propio que fútbol, y Argentinos miraba el reloj de reojo, porque no podía definirlo y Estudiantes goleaba.

Hubo situaciones en los dos arcos hasta que Facundo Coria hizo el gol de la tranquilidad, que ni siquiera se trastocó cuando Alan Sánchez descontó, porque a esa altura Huracán estaba con 9 hombres por las expulsiones de Paolo Goltz y Pablo Jerez, por juego brusco.

La Asociación Atlética Argentinos Juniors, fundada el 15 de agosto de 1904 por un grupo de socialistas y anarquistas que quisieron ponerle Mártires de Chicago pero no los dejaron por ser un nombre «político», escribió ayer otra página de gloria, con uno de los protagonistas de sus mejores años, Claudio Borghi, aquel que empezaba a asomar en primera (como suplente de Pedro Pasculli) en el primer título logrado: el Metropolitano 1984, pero que brilló en el segundo campeonato, el Nacional 1985, y fue la figura trascendente en la Copa Libertadores de ese mismo año y en el partido histórico ante Juventus, que Argentinos perdió pero se ganó el corazón del mundo futbolístico.

Un equipo con estilo. De fútbol jugado por abajo y con pelota al pie, con más talento, pero con la misma intención que el actual Campeón.

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