- ámbito
- Edición Impresa
Arsat 2: desarrollo tecnológico soberano
Entre las primeras medidas del Gobierno de Kirchner se cuentan la estatización del Correo Argentino y la recuperación de la administración del espectro radioeléctrico, concedida en forma escandalosa a la empresa francesa Thales, siendo la Argentina junto con Burkina Faso y Gabón de los pocos países que lo habían privatizado.
De la misma manera, Kirchner vislumbró que la tecnología para las comunicaciones sería fundamental para un desarrollo autónomo y convirtió el riesgo de quedarnos sin posiciones orbitales propias en la oportunidad de crear nuestra propia empresa: Arsat, nacida ante la huida del operador privado Nahuelsat, que a pesar de contar con tarifas libres dolarizadas estuvo a punto de dejarnos sin posiciones orbitales (que asigna la Unión Internacional de Telecomunicaciones) por no utilizarlas, lo que hubiera tenido serias consecuencias para los argentinos. Si bien una de las órbitas, la 72° Oeste, cubre sólo la Argentina (y países limítrofes), la segunda, la 81° Oeste, era codiciada por países poderosos, como el Reino Unido, por tener una "pisada" que abarca todo el continente americano, dándole posibilidad de proveer rentables servicios a terceros.
No obstante, los objetivos de Arsat no se limitaron a los satélites y fue la plataforma utilizada para poner en marcha el despliegue de la televisión digital abierta y el tendido de 35 mil kilómetros de fibra óptica para conectar a todo el país, con la misma calidad de servicio y a precios equitativos.
A fines de 2012, cuando la construcción del Arsat 1 entraba en su fase final, comprendimos que era necesario darle impulso al entonces embrionario proyecto Tronador para poder en un futuro no muy lejano poner en órbita con nuestro propio lanzador los satélites que se construían en el país. Para eso se resolvió incrementar fuertemente el presupuesto de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), que fue además transferida al Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, donde estaban los otros organismos que llevaban adelante el desarrollo satelital.
Lamentablemente el panorama actual dista de ser tan alentador. Una de las primeras medidas del Gobierno de Macri en materia satelital fue frenar definitivamente la construcción del Arsat 3 e iniciar la privatización del sector. Esto se vislumbra claramente en el proyecto de Presupuesto enviado por el Poder Ejecutivo para el año próximo: sólo prevé 738 millones de pesos para Arsat, es decir, un 25 por ciento de los 3.000 que dejamos planificados para 2016, que incluso fueron subejecutados. La decisión de promover el desarrollo tecnológico soberano, es decir, prescindiendo de tecnologías generadas por un tercero que nunca las transferirá porque en ello radica su poder, es el verdadero colonialismo del siglo XXI. Debe existir un compromiso presupuestario y un plan integral donde cada logro se articule en función de objetivos cada vez más ambiciosos. Cuando se incorpora tecnología ajena, se tiene que realizar con transferencia de conocimiento para que nuestros científicos y técnicos sean capaces de desarrollar desde un tornillo hasta el procesador más complejo.
Sin desarrollo tecnológico propio y sin control de la conectividad troncal no hay soberanía ni desarrollo genuino. Y sólo la ciencia aplicada, dejando de lado los desvaríos de las investigaciones en nombre de la ciencia misma, es el camino para alcanzar una verdadera autonomía.


Dejá tu comentario