Cada reencuentro con Luis Alberto Aute demuestra que no hay melodía que sobrepase sus letras, no importa si habla de amor, de sexo, de amistad o critica la globalización.
A Luis Eduardo Aute lo descubrí de casualidad. En 1967, Massiel grabó «Rosas en el Mar». Amante del rock, sólo me interesaron la belleza de la española y la letra del tema, que había escrito Aute. Al tiempo, de casualidad, en un disco simple de vinilo, escuché al autor cantar «Rojo sobre negro». La poesía me hizo olvidar su escasa potencia de voz.
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Aute es un hombre que canta poesía. Lo escuché en los discos simples de vinilo, en «long play, en magazine y casetes y ahora en CD y digitalizado en youtube. En cuarenta y dos años cambiaron los formatos para escuchar música, pero no su poesía.
El sábado fui a verlo. Sigue igual. No hay melodía que sobrepase sus letras. Y aunque no es masivo, genera adictos de todas las edades. Es gente que va a escucharlos y se enamora de sus frases o sus críticas a la globalización. «Lobby feroz», es uno de sus hallazgos. Aute sigue protestando pero con buenos músicos, modales y una poesía impecable. No es ateo, cree en Dios, por eso se anima a dejarle al público alguna de sus máximas: «sacralizo lo profano; no, al revés» o «quien esté libre de piedras, que tire el primer pecado» o «Dios es un orgasmo, de allí el Big Bang».
En el Ateneo, durante el fin de semana, acudieron los fieles. Sólo ellos pueden acompañarlo haciendo coros en frases tan construidas como: «no se me ocurre otra manera de vencer la eterna duda que someterme a la verdad finita de tu piel desnuda».
Hay códigos que sólo entienden sus seguidores. El recital comenzó con «Invisible». La banqueta donde debía sentarse estaba vacía. Aute lo cantó detrás de las cortinas. Sólo el grupo de percusión, guitarras y teclado estaba en el escenario. Ellos son fantásticos y complementan su pequeña voz. La cantante hace una segunda y tercera voz excelentes. El guitarrista es limpio y se luce en solos con dejos roqueros. El pianista, mantiene el fondo de música clásica para hacer más solemne la música.
Aute habla de sexo y amor, no importa en qué orden. A veces canta a la amistad y otras contra la globalización. Cita a John Lennon y a Discépolo a su favor. «Otro mundo es posible», dice que diría Lennon si viviera. Un tema suyo recuerda a Discépolo y «Cambalache».
En algún momento, los años 50 parecen instalarse en el Ateneo. James Dean está presente en un tema y el director francés Francois Truffaut y sus «400 golpes» en otro. Para Aute la escena que mejor representa la felicidad viene de Hollywood: Gene Kelly bailando y cantando «Singing in the rain»,
Trató de complacer a todos. No pudo. Afuera quedaron «Imán de mujer» y «Hoy ten miedo de mí», pero interpretó «Giraluna», «Mojándolo todo», «No te desnudes todavía», «Slowly» y «Con un beso por fusil», entre otras.
Aute tiene buen gusto y conoce sus limitaciones. Su voz no va más allá de lo que puede. Cuando lo hace, tiene un quiebre agradable. Lo demostró en el emotivo final, cuando interpretó a capella uno de sus temas más lindos, «Al Alba». La despedida fue todo emoción. Eran las tres de la mañana y el cansancio pudo más que la generosidad del poeta filipino.
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