11 de marzo 2014 - 00:19

Bachelet regresa hoy con la promesa de modificar el rostro social de Chile

• Deberá llevar adelante difíciles negociaciones con aliados y opositores para imponer sus reformas en el Congreso

Michelle Bachelet regresa al poder en Chile al mando de una alianza de centroizquierda que pondrá fin a un interregno conservador de cuatro años. Sabe que para no erosionar su autoridad deberá emprender reformas sociales más ambiciosas que las de su primer mandato.
Michelle Bachelet regresa al poder en Chile al mando de una alianza de centroizquierda que pondrá fin a un interregno conservador de cuatro años. Sabe que para no erosionar su autoridad deberá emprender reformas sociales más ambiciosas que las de su primer mandato.
Santiago - La socialista Michelle Bachelet asumirá hoy la presidencia de Chile con la promesa de acortar la brecha entre ricos y pobres, mediante una ambiciosa pero políticamente arriesgada agenda de reformas económicas y sociales.

Bachelet, de 62 años, se convertirá en la primera mandataria en gobernar por segunda vez en Chile desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet, tras conseguir una victoria aplastante en las elecciones de diciembre último y generar altas expectativas entre los ciudadanos.

La presidenta electa, que estuvo al frente del país entre 2006 y 2010, prometió aumentar los impuestos a los empresarios para financiar una reforma educativa y cambiar la Constitución heredada de la dictadura, junto con mejoras a la salud, entre otros desafíos.

"Desde el día uno trabajaré para cumplir los compromisos que tomamos. Creo fuertemente en el diálogo, no para obstaculizar o posponer, sino para alcanzar un país justo, solidario, inclusivo y donde todos sintamos que podemos vivir mejor", dijo.

Pese al fuerte respaldo del electorado, Bachelet no tendrá en el Congreso la sólida mayoría necesaria para llevar adelante todas las reformas comprometidas, por lo que deberá demostrar habilidades para tejer alianzas con la oposición y para enfrentar una economía en desaceleración y estrechez fiscal. Esto no será del todo fácil, ni siquiera dentro de su propia coalición Nueva Mayoría, en la que conviven democristianos, socialistas y hasta comunistas.

Con todo, el regreso de Bachelet no representa un giro radical hacia la izquierda ni tampoco un cambio en el rumbo de la sexta mayor economía de la región, que en los últimos cuatro años estuvo gobernada por el conservador Sebastián Piñera.

Bachelet se suma a otras mujeres líderes de la región, como la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, y la argentina, Cristina de Kirchner, quienes asistirán a la ceremonia de asunción en la sede del Congreso en el puerto de Valparaíso.

En la antesala de su investidura, la mandataria se reunió ayer con ambas por separado, en lo que fue una maratónica jornada de bilaterales que comenzaron con el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden.

El representante estadounidense podría cruzarse en el acto de juramento de Bachelet con el venezolano Nicolás Maduro, quien se espera asista a la ceremonia tras las recientes y violentas protestas opositoras que dejaron al menos una veintena de muertos y cientos de heridos.

Estados Unidos y varios países de la región han manifestado su preocupación por la situación política y social en Venezuela. La asistencia de Maduro en Chile es rechazada por los partidos de centro-derecha.

Con una mirada más conciliadora, Bachelet manifestó que la situación en Venezuela debe ser vista de modo global.

"Así como nosotros siempre vamos a buscar aportar que los derechos humanos sean realmente garantizados, no nos parece adecuado que pueda haber acciones violentas buscando desestabilizar un Gobierno democráticamente elegido", dijo.

La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) abordará mañana en Chile la situación política de Venezuela, pero el encuentro será a nivel de cancilleres, a pesar de la insistencia de Maduro en que los mandatarios de la región se reúnan para mostrar su apoyo a su Gobierno.

Luego de los actos del cambio de mando, Bachelet enfrentará una apretada agenda tras prometer que lanzará un paquete de cincuenta medidas en los primeros cien días de Gobierno, una especie de hoja de ruta que será seguida muy de cerca por los chilenos y organizaciones que ya alistan movilizaciones.

La mandataria planea profundos cambios al sistema educacional para ampliar la gratuidad, que financiará con un alza de impuestos a las empresas y la eliminación de algunos beneficios corporativos, los que permitirían recaudar unos 8.200 millones de dólares en un intento por introducir mayor equidad a la carga impositiva del país.

La calificadora Fitch dijo que las reformas planteadas por la socialista suponen desafíos fiscales importantes, pero espera que los fundamentos del modelo económico chileno y el sólido perfil crediticio se mantengan.

Sin embargo, desde el empresariado advierten que sería aconsejable una reforma tributaria más moderada ante una actividad económica en desaceleración y con una estrechez fiscal.

Agencias Reuters, EFE, AFP, ANSA y DPA, y Ámbito Financiero

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