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Bafici: lo bueno y lo deplorable
En cambio, el veterano teórico Tag Gallaher, cuyos libros veneran los especialistas, fue expresamente invitado para presentar al público las películas de la retrospectiva Straub-Huillet, pero desde que llegó no presentó ninguna, alegando que está cansado, y que Straub le desaconsejó presentarlas, «porque las obras hablan por sí mismas» (aun las más cerradas y que encima vienen sin subtítulos). Llamativo entonces que haya aceptado el pasaje aéreo y el alojamiento del Gobierno de la Ciudad (con razón aumenta tanto el ABL después). Pero debe ser cierto que está cansado porque no tiene fuerzas ni para cubrirse, y anda por el Abasto de ojotas y slip (en verdad, un taparrabos poco elegante), como si fuera un sex-symbol de la tercera edad.
Tendrían que conectarlo con Jorge Polaco, cuya comedia «Arroz con leche», subtitulada «Tercera infancia», incómoda, con escenas de colorido bochorno, disfraces vergonzantes y amplias cursilerías, se inspira en una novela llamada «Papá, no te escapes del asilo». Pero no era un padre, sino el público el que escapaba de la sala. Eso que en el fondo es una comedia, donde también actúa Isabel Sarli, que acá se llama Santa Isabel.
Es de valorar que el propio Polaco vaya a todas las presentaciones, pese a su enfermedad, y charle, de muy buen humor, con la gente. Otros directores ni se molestan, y otros, como Maren Ade, hubiera sido mejor que alguien la entretuviera en otro lado. El subtitulado electrónico que debía acompañar su drama «Alle Anderen» (título internacional «Everyone Else») se tildó dos veces, en dos sucesivos aparatos cuyo cambio llevó bastante tiempo, y cuando la pobre llegó a la sala había apenas 9 (nueve) personas.
A señalar, de lo visto últimamente, «Iraqui Short Films», de Mauro Andrizzi, potente mix de material levantado de Internet, incluyendo imágenes que los soldados registran en sus celulares, «Breathless», violencia coreana, «Bagatela», de Jorge Caballero, filmado en un juzgado colombiano al que van los pícaros de baja estofa (no será «Un día en el juzgado», con Alberto Sordi y Sofía Loren, pero tiene su gracia), «El gaucho», de Andrés Jarach, residente en Francia, siguiendo las andanzas de un domador rionegrino con su hijo, el combo de Sean Baker «Take Out» y «Prince of Broadway», y, sólo para quienes quieran estar a la moda, el combo del portugués Miguel Gomes: «A cara que mereces», sus cortos bastante ingenuos (por no decir otra cosa), y el largo, que es larguísimo, en competencia: «Aquele querido mes de agosto», que empieza con un conjunto de música popular al estilo del viejo y recordado Cuarteto Leo, y sigue con una serie de apuntes aparentemente sueltos: ahí uno puede dormirse la siesta, total dura 147 minutos, y al despertar se encuentra con otra película, porque la cosa se pone mejor en la segunda parte.
Mejor, y bien breve, sólo 63 minutos, es la nueva de Manoel de Oliveira, «Singularidades de uma rapariga loura», donde un tío desaconseja al sobrino casarse con cierta rubia porque, como se dijo antes, todo el mundo tiene su parte buena y su parte deplorable. Oliveira lo sabe porque es zorro viejo: con esta película celebró sus 100 (cien) años de vida.

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