27 de junio 2012 - 00:00

Barry Cunningham, 15 años con Harry Potter

Hace 15 años, Barry Cunningham, editor de la entonces poco conocida Bloomsbury Publishing, reconoció enseguida el potencial de «Harry Potter», una historia que había sido rechazada por varias editoriales.
Hace 15 años, Barry Cunningham, editor de la entonces poco conocida Bloomsbury Publishing, reconoció enseguida el potencial de «Harry Potter», una historia que había sido rechazada por varias editoriales.
Londres - Hace 15 años que el aprendiz de mago Harry Potter apareció por primera vez en las librerías británicas, marcando el inicio de una saga que se convertiría en éxito mundial. Pero antes, el manuscrito de Joanne K. Rowling había sido rechazado por varias editoriales. Hasta que Barry Cunningham, de la entonces casi desconocida Bloomsbury Publishing, reconoció enseguida el potencial de la historia. Y ahora lo recuerda así.

«Cuando me llegó el manuscrito acabábamos de empezar a publicar literatura infantil. Buscaba uno de esos libros que los niños llevan todo el día bajo el brazo o dejan junto a sus almohada, un libro que los atara emocionalmente. No sabía que todos los demás lo habían rechazado. Me lo llevé a casa por la tarde y lo leí. A la mañana siguiente lo compré. No tenía ninguna duda de que a los niños les iba a encantar»

Cuando se le pregunta qué le gustó a él del libro, Cunningham responde: «La magia y las lechuzas me parecieron fantásticas, pero lo que realmente me atrajo fueron las amistades de la historia. En mi opinión, la verdadera calidad era esa amistad entre los tres niños y la forma en que se apoyaban unos a otros.»

Respecto de cómo comenzó el trabajo con la autora, recuerda que «J.K. Rowling vino a Londres y quedamos en un restaurante. Me contó la historia de los siete libros. Créame, muchos niños casi me torturaron en los años siguientes para sonsacarme, y me sentí bastante aliviado cuando salió el último libro y no tuve que guardar el secreto más tiempo. El hecho de que Joanne quisiera que Harry se hiciera adulto en los libros era entonces un tanto radical, porque la mayoría de personajes de literatura infantil en la época simplemente vivían más aventuras. Pero la idea me gustó».

Pese a todo, según la leyenda, Cunningham le habría advertido a Rowling que nunca se llenaría de oro con los libros. «Me preocupaba por ella, porque era madre soltera y en aquella época no se ganaba mucho con la literatura infantil. Por eso le dije nunca harás dinero con libros para niños, necesitas tener otro trabajo aparte. Aún me pincha con eso. Pero yo sólo me preocupaba por ella».

Acordados los términos del contrato, el editor cuenta que el manuscrito de Rowling no le dio mucho trabajo. «Hicimos algo de trabajo de edición, pero sólo pequeños cambios. Nunca conseguí entender el juego del Quidditch, pero sigo sin entenderlo hoy en día».

Al principio, explica Cunningham, la saga «no fue un éxito de venta, pero en las primeras semanas echó a andar lentamente. Fue realmente gracias al boca a boca. En aquella época no teníamos dinero para publicidad, cuando la mayoría de fenómenos infantiles se cuecen en algún lugar de Hollywood y con un presupuesto enorme. Eso no sucedió con Harry. Este fenómeno surgió sólo por la fuerza de la gigantesca imaginación de una única mujer. Lo que más me enorgullece es quizá que cuando editamos Harry Potter lo daban por muerto. Y que sobre todo los jóvenes leían como mucho la carátula de un videojuego. Un par de años después, esos muchachos se peleaban por conseguir un nuevo libro».

Y ¿qué le pasó por la cabeza cuando de repente el libro gustó también a los adultos? «Jamás habría pensado que tantos adultos leerían el libro. Cambió el panorama de la literatura infantil y el mercado. De pronto, había muchos lectores de literatura infantil». A la vista del éxito entre los adultos de libros para niños o jóvenes como el mismo «Harry Potter», «Crepúsculo» o «Los Juegos del Hambre», Cunningham dice que «a menudo los libros infantiles tienen mejores historias que los libros para adultos. Muchos autores de literatura infantil gozan de mucho respeto entre sus lectores. Saben que no hay espacio para la escritura chapucera o las tramas sin atar. Los libros tienen que funcionar de verdad. De alguna forma hay más disciplina detrás, están mejor dirigidos. Los autores conocen mejor el mercado y a sus lectores».

Agencia DPA

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