10 de enero 2012 - 00:00

Belloso: la filosofía en el interior del lavarropas

Carlos Belloso reconoce, para sus trabajos, inspirarse en algunos de los escritos de Michel Foucault.
Carlos Belloso reconoce, para sus trabajos, inspirarse en algunos de los escritos de Michel Foucault.
Luego de su paso por la TV y el cine, Carlos Belloso inicia su 2012 con teatro. Dirige «Un poco me molesta, pero un poco no», unipersonal escrito e interpretado por Pablo Picotto, que debuta el 20 de enero en el Paseo La Plaza, y además viaja a España para presentar «Cordero de ojos azules» junto a Leonor Manso, que estuvo representando hasta hace poco en el Regio. Dialogamos con él:

Periodista: ¿Qué lo atrajo de la obra de Pablo Picotto para aceptar dirigirla?

Carlos Belloso: En primer lugar Picotto, que es un excelente comediante, buen actor de unipersonal, y en esta obra no sólo divierte sino que tiene una profunda reflexión. Es muy dúctil y ofrece más de lo que le pide el director. Me hace reír mucho. Lo original de la obra es que todo transcurre en un lavarropas, todo se va centrifugando. Van apareciendo los diferentes integrantes de la familia a medida que aparecen las ropas lavadas y sucias.

P.: En obras donde no se cuenta con gran escenografía, a menudo aparece un objeto importante con el que se construye la historia, en este caso el lavarropas.

C.B.: Claro , pero ojo que la escenógrafa realizó un muy buen lavarropas, como los de antes, y posibilitó que el actor pudiera jugar con aparecer y desaparecer. Está el más chico de la familia, que abre el mundo de su imaginación frondosa, luego está el hermano, que es un adicto al reggae por no decir a la marihuana y tiene su visión un poco volada. La madre y el padre tienen relación de matrimonio, donde bajan línea a los otros personajes. Y todo confluye en un abuelo que está en ese momento de todo importarle nada. Ese abuelo que mira todo desde arriba porque es la última edad, último estadío de esa frecuencia familiar. La obra divierte hasta que cae la ficha e invade la reflexión, al menos eso me propongo.

P.: ¿Qué balance hace de su paso por «Los únicos», donde trabajó codo a codo con Fabio Posca, intepretando a los villanos?

C.B.: Con Fabio queríamos trabajar juntos hace tiempo y Polka nos encontró. Hicimos ese dúo de la maldad que fue muy bueno, pero como hacía películas durante el año, el mío fue el personaje que murió dos veces en la tira.

P.: Se estrenó la película «Un mundo seguro», donde usted interpreta a un mandamás de la TV que se hace instalar una casa inteligente donde refugiarse, ¿se inspiró en algún referente importante de la televisión?

C.B.: Me basé en alguien paranoico de sí mismo, hice lecturas y hago una reflexión de Foucault, desde el lado actoral claro, y quise expresar qué haría Foucault encerrado en su panóptico, en su «Vigilar y castigar».

P.: En otros trabajos suyos también había tomado a Foucault.

C.B.: Sí, en «Doctor Peuser» y hasta en «Tumberos», fui hasta allá, a reflexionar sobre una sociedad autovigilada. A medida que hago un hecho artístico en cualquier soporte siento que necesito reflexionar sobre un tema, no lo tomo como sólo poner el cuerpo y hacer lo que dice el director sino que es una oportunidad para hablar de otras cosas.

P.: ¿Aparece también el costado sensacionalista de la TV?

C.B.: Sí. Hay una fagocitación de estos medios que se ensañan con la víctima, en este caso, el empresario que estaba en un alto nivel y termina en la lona, Hay mucho de estos chimenteros que se ensañan hasta llegar a destruir a la gente. Que sea un empresario de TV me estimula porque introduce este thriller psicológico en el tema pantalla dentro de la pantalla. Este empresario busca seguridad en una casa inteligente donde hay puras pantallas, con lo que termina mirándose a él mismo, su propio ombligo. Al final está más inseguro ahí dentro, más se siente protegido, más inseguro está. Y lo que le ocurre le pasa a alguien que no es muy santo, este hombre es muy soberbio y hace ostentación de su dinero.

P.: ¿Cómo sigue su año?

C.B.: Viajo a España a hacer «Cordero de ojos azules» en Madrid y Bilbao, para mostrar el trabajo con Leonor Manso en esta obra que habla sobre la peste de fiebre amarilla en Buenos Aires, además de ofrecer una reflexión civilización-barbarie o dialéctica sobre lo bello y lo feo, y la belleza que hay en la fealdad.

Entrevista de

Carolina Liponetzky

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