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Buen cantor anclado en otro tiempo

Ariel Ardit comenzó su historia como cantante en el emblemático boliche «Lo de Roberto» del barrio de Almagro. Pasó por casas de tango «for export» y fue el cantor oficial de la orquesta El Arranque. Hace cinco años que decidió emprender su camino solista. En todos estos años de giras, conciertos y discos, se ha ido afianzando como una de las muy buenas voces del presente tanguero. Y con un derecho muy bien ganado, llegó a este espectáculo «A los cantores», encabezando una orquesta propia -dirigida por el muy solvente pianista Andrés Linetzky y con varios de los mejores instrumentistas de la actualidad- que ofreció en el teatro ND/Ateneo en abril pasado. El repertorio elegido para la ocasión, en concordancia con el título, estuvo apuntado fundamentalmente a varias de las piezas que solían interpretar en los años 40 y 50 figuras como Angel Vargas, Enrique Campos, Raúl Berón, Alberto Podestá, Francisco Florentino, Floreal Ruiz, Alberto Marino, Carlos Dante, Roberto Rufino, Alberto Castillo, etcétera. Y tanto el show como estos CD y DVD que resultaron de la grabación en vivo, permiten ver y escuchar el profesionalismo y la expresividad de este cantor. Lo que genera algún cuestionamiento en nuestra opinión tiene que ver con lo estético: que un artista joven decida anclarse tan brutalmente en el pasado, aún en las cuestiones visuales de puesta y vestuario, no parece ser lo que hace de un proyecto artístico una propuesta atractiva.
Ricardo Salton


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