- ámbito
- Edición Impresa
¿Cae la segunda ficha del dominó en el Magreb?
Zine el Abidine Ben Alí
La huida de Zine el Abidine Ben Alí en Túnez ha inspirado a muchos jóvenes en Egipto, que quieren forzar de la misma manera un cambio radical en su país.
Solo unas 18.000 personas salieron a las calles el Día de la Ira, convocado para el martes; una cifra alta, sin embargo, para un país donde la Policía suele terminar las marchas de ese tipo a través de la represión.
La mayoría de los manifestantes son jóvenes a los cuales sus certificados educativos les sirven de poco. El nivel de la educación es bajo en Egipto y los empleos medianamente pagos suelen ser accesibles solo para los que tengan contactos personales o estén dispuesto a pagar sobornos.
La noche del martes, la Policía solo pudo dispersar a los opositores a golpes y con chorros de agua y gases lacrimógenos. Muchos de ellos volvieron ayer, sin embargo, a las calles, pese a las advertencias del Ministerio del Interior de que las autoridades arrestarían a los que desobedezcan la prohibición de manifestarse.
Decenas de periodistas y abogados protestaron también en el centro de El Cairo, y en otro lugar de la capital se congregaron unos 200 jóvenes. ¿Pero se trata ya de una revuelta como en Túnez?
El escenario parece similar a primera vista. En ambos países gobierna -o gobernaba- un presidente que ha envejecido en el cargo, con altas tasas de desempleo y tienen enfrente a socios occidentales decepcionados y que piden reformas democráticas.
La situación, sin embargo, no es comparable. En principio, porque la cohesión social en Egipto, que tiene una población más o menos diez veces mayor que la de Túnez, no es la misma que en el vecino país del norte de África.
Aunque la oposición egipcia tiene más posibilidades de expresarse que la tunecina, hace algunas semanas que sus diferentes vertientes están profundamente enemistadas. Además, los círculos de beneficiarios directos o indirectos de las prebendas de Mubarak y su Partido Nacional Democrático (PND) son bastante más grandes que los que rodeaban a Ben Alí.
Tampoco las élites egipcias parecen favorecer una revuelta popular pese a estar hartas de la corrupción. Muchos miembros de las clases más altas votarían por el ex director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) Mohamed al Baradei en caso de que hubiera elecciones libres. Una opción, sin embargo, imposible con Mubarak.
Varios comentaristas críticos con el Gobierno llamaban ayer a un cambio desde dentro del sistema y apelaban a la razón para pedir al régimen que evite una revuelta violenta en el futuro.
«Egipto está enojado por la corrupción y la pobreza, por la falta de perspectivas y porque no hay oportunidades de cambio. Egipto está enojado porque éste es el peor Gobierno de la historia y porque este partido de Gobierno no oye ni ve nada que no sea a sí mismo», reclamaba ayer un comentarista de la web independiente Youm7.
Es, sin embargo, dudoso que alguien le haga caso. Hasta ahora, por lo menos, parece que el Gobierno de El Cairo prefiere apostar por las fuerzas de seguridad.
«No hay que mostrar debilidad, no hay que ceder», es la consigna. Los políticos del PND tampoco parecen dispuestos a hacer caso a las críticas de Washington o Bruselas a la política de represión.
Agencia DPA


Dejá tu comentario