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Cage para un universo perverso
El actor Gabo Ferro y el bailarín Leandro Tolosa alumbran una niña en «Four Walls» de Trunsky, sobre música de John Cage.
El Centro de Experimentación del Teatro Colón presentó fuera de sede una obra coreográfica diseñada y dirigida por Carlos Trunsky sobre «Four Walls», de John Cage. La extraordinaria partitura pianística del compositor de vanguardia norteamericano sirve esta vez como base para el desarrollo de un cuento coreográfico titulado «La niña del enfermero» (¿y si la naturaleza también fuera una invención?)».
Creación iconoclasta de Cage, «Cuatro paredes» remite a un espacio cerrado e íntimo. Las repeticiones, los silencios y las vocales cantadas a capella conforman un universo extraño y expresivo que la pianista Haydée Schvartz medió desde una tarima elevada, creando un segundo plano para el espacio amplio del escenario, y que Trunsky utilizó creando tensiones y centros de atención dictadas por los volúmenes de la escenografía ascética de Marta Albertinazzi (creadora además de un vestuario entre realista (enfermo y enfermero) y surreal (la niña).
Las luces de Eli Sirlin, con tonalidades verdes y colores fríos, conformaron la atmósfera irreal y enrarecida que rodea a la historia de la relación entre un paciente y su enfermero que, luego de un acto de pasión violento y compulsivo, da como fruto una muchacha, la niña del título, que como una respuesta genética, toma las mismas actitudes, movimientos y desplazamientos que su padre.
Trunsky construye «La niña del enfermero» utilizando los códigos de la narración coreográfica tradicional. Un cuento a la manera de Perrault o de algunos que alumbraron los ballets de Tchaikovsky. La vehemencia sonora de Cage, el distanciamiento de algunos de los
elementos plásticos y la interpretación actoral y dancística le dictaron un tratamiento expansivo ligado a los procedimientos de la danza contemporánea con ciertos elementos clásicos.
La sensualidad y la temática «risqué» que alienta la obra obligaron un desarrollo cercano al thriller cinematográfico. La perplejidad en la actuación de Gabo Ferro y la excelencia del bailarín Leandro Tolosa como el enfermero se complementaron con la candidez siniestra de la «niña» de María Kuhmichel, embarcados en la creación de un universo ambivalente y perverso.

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