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Caillat: fragmentos de un relato amoroso
François Caillat: «La memoria fabrica su versión del pasado. Los hechos son reales, pero allí está la puerta para que cada cual los vea a su manera. Por eso nunca pongo material de archivo».
Periodista: ¿Qué cuenta, exactamente?
François Caillat: Entre otras, cinco historias. Una de amor romántico en vísperas de mayo del 68, otras de pasión carnal, bigamia, etc., pero ninguna se reduce a un solo aspecto. Cuando fui al liceo la clase era mixta y las chicas habían iniciado su liberación sexual. En contacto con ellas salí de mi burbuja romántica. Después, hubo otras. Un día una de ellas, con quien tuve una relación tortuosa, puso fin a su vida. Teníamos menos de 30 años. Pronto tendré el doble.
P.: Usted cuenta todo eso.
F.C.: El heroísmo del amor, su impotencia final, otras cosas. No hice trampa, inclusive filmé los lugares donde vivimos. Todo sigue igual, pero más lejos. Y casi todo transcurrió en París, la ciudad de los enamorados. Ya sabe, todo el mundo se enamoró en (y de) París. Entonces, ésta es una película sobre el amor, y sobre París. Pero fue un trabajo vacilante, un reto, hubo muchas versiones de cada frase que digo, y ahora algunos perciben desapego en mi voz, y otros demasiado sufrimiento. Me gusta que cada espectador interprete mis relatos a su manera.
P.: Su tema habitual es precisamente ese.
F.C.: Sí, el modo en que interpretamos el pasado. Las cosas vienen del pasado, asedian el presente, y la memoria fabrica su versión del pasado a medida que lo refleja. Los hechos son reales, pero allí está la puerta para que cada cual los vea a su manera. Por eso nunca pongo material de archivo.
P.: ¿Pero, por ejemplo, los fragmentos de súperocho que pone en «El caso Valerie» no provienen de archivos familiares?
F.C.: Los filmo para cada ocasión, como si fueran imágenes de un recuerdo borroso. La memoria es borrosa, de modo que apelo a esa textura. Precisamente, «El caso Valerie» es sobre un hecho que se pierde en la bruma, la desaparición de una camarera en un lugar de los Alpes. Yo era joven, estaba de vacaciones. Volví 20 años después, buscando el recuerdo que ese caso pudo haber dejado en el lugar. Pero nadie recordaba nada.
P.: Llama la atención su forma de entrevistar. Usted pregunta sobre el tema específico, le dicen que no, y en vez de apagar la cámara o hacer otra pregunta, se queda en silencio hasta que le dicen algo. ¡Y entre medio hay un silencio terrible!
F.C.: Me aposté que de esa forma iba a sacarles algo. De 40 entrevistados, los 40, al ver que me quedaba esperando, se vieron en la obligación de buscar en su memoria y contarme algún otro caso de otra chica desaparecida, un turista perdido que nunca más encontraron, etc. Eran momentos de gran tensión, que vivíamos juntos, tan fuertes que solo hacía dos entrevistas por día. Lo bueno es que quedaban tan tocados que después me invitaban a comer, inclusive a pasar unos días.
P.: Distinto habrá sido cuando se metió con su propia familia.
F.C.: «La cuarta generación», donde escarbé buscando algún secreto desde mi bisabuelo en adelante. Historia, también, de la empresa familiar maderera, de los bosques de Lorena, y del dinero en la región. Ahí descubrí, por ejemplo, que mi abuelo fue soldado alemán durante la Primera Guerra. Es que en un solo siglo, Alsacia y Lorena cambiaron cinco veces de dueño y sufrieron tres guerras, una por generación, y a veces los primos, y hasta los hermanos, se veían obligados a pelear en bandos distintos. Para colmo entonces cambiar de bandera, y de uniforme, era como una traición.
P.: Algo similar cuenta también en «Tres soldados alemanes», a partir del hallazgo de unos restos.
J.C.: Lo cuentan los bosques, el paisaje mismo nos cuenta en sus marcas la historia que ha presenciado. Ya le digo, tres guerras, una por generación. Hoy eso no parece importante, se impone el concepto de europeo, pero debo recordar que mi generación es la primera que no conoce más guerra que la económica, y en eso los dos países que más se han peleado, paradójicamente ahora son los más unidos.
Entrevista de Paraná Sendrós

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