28 de octubre 2011 - 00:00

Cangemi: el barroco con sello nacional

Verónica Cangemi: «Hay muchos directores europeos que están a la expectativa de dirigir nuestra orquesta barroca».
Verónica Cangemi: «Hay muchos directores europeos que están a la expectativa de dirigir nuestra orquesta barroca».
Al igual que en el caso de otros célebres colegas suyos, la trayectoria de la mendocina Verónica Cangemi fue inusual para un cantante. A pesar de ser hija de la famosa soprano y pedagoga Fenicia Cangemi, su primer amor fue el violoncello, que empezó a estudiar a los 7 años, y hasta los 26 no se abocó al canto que la llevaría a una carrera brillante en Europa y a ser elegida por los mayores especialistas en música con instrumentos de época: René Jacobs, Marc Minkowski, John Elliot Gardiner, William Christie, Nikolaus Harnoncourt, Sir Neville Marriner y Ton Koopman, entre otros, y también por Zubin Mehta y Claudio Abbado.

Antes de su presentación del 22 de noviembre en el Teatro Colón con la Orquesta Barroca Argentina fundada por ella, mañana Cangemi actuará con los solistas de esa agrupación en el ciclo Conciertos Pilar Golf en obras de HTMndel, Vivaldi y Porpora. Dialogamos con ella:

Periodista: ¿Cuándo y cómo surgió la iniciativa de crear la Orquesta Barroca Argentina?

Verónica Cangemi: Desde hace 20 años trabajo en Europa, cantando con las orquestas más renombradas del mundo barroco, y siempre encontraba a argentinos. Entonces me pregunté cómo podía ser que tantos músicos argentinos formados aquí que viven afuera estén dando el renombre a orquestas europeas, y por qué no formar una orquesta argentina que pueda dar la cara en Europa. Después de esta experiencia piloto de dos años aquí, el próximo paso a dar es ir a Europa. Hay muchos directores especialistas de allá que están a la expectativa de dirigir esta Orquesta, pero de a poco organizamos los proyectos futuros.

P.: ¿Cómo es que se despertó tan tardíamente la vocación por el canto?

V.C.: Siendo mi madre cantante, yo tendía a idealizar esa vida, pero también a pensar que no quería vivir viajando como ella. Cuando pasa el tiempo y uno madura, se da cuenta de que lo que tiene que seguir es aquello que a uno le gusta y le apasiona. Mi madre me inscribió entonces en un concurso de canto organizado por Festivales, institución a la que le debo el inicio de mi carrera. Gané el primer premio y me becaron para estudiar en Londres.

P.: ¿Qué siente que le aportó la formación como instrumentista?

V.C.: Creo que es la base del cantante, porque le da la posibilidad de comprender la totalidad de la música y la importancia del conjunto, no sólo la individualidad. Cuando un cantante tuvo formación de instrumentista, se siente. La voz es importante, pero la formación y la inteligencia lo son mucho más que el caudal vocal.

P.: Y también debe haberle dado mucha disciplina...

V.C.: Es verdad, con el violoncello uno tiene que estudiar y estudiar horas. Cuando uno tiene condiciones vocales a veces piensa que basta con abrir la boca y cantar, pero la disciplina es muy importante.

P.: Próximamente usted abordará los papeles de Mimì en Tokio y Micaela en el Covent Garden. ¿Qué significa para su carrera este cambio?

V.C.: La carrera de un artista es una programación. La voz tiene una evolución, lo mismo que el cuerpo y el ser humano en sí mismo. Yo empecé con roles muy livianitos, y aunque hace muchos años me habían propuesto estos papeles, me negué en ese momento, por más que me costara llorar, pero recién ahora siento que no voy a arruinar mis cuerdas vocales. Lo que va a haber que modificar son algunas cosas, porque la orquesta y el diapasón de Puccini no son los mismos que los del barroco, y manejar bien la proyección vocal, pero sé que ahora es el momento.

Entrevista de Margarita Pollini

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